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Bogotá, septiembre 3 de 2017.
Si algo es susceptible de que pase, seguro que pasa
Sabíamos lo que iba a pasar hoy cuando salimos de casa, lo presentíamos durante el camino hacia el sitio de encuentro en Carola, estaba en el aire, estaba arriba en el cielo y al llegar allí esa presunción cobró mayor fuerza. Es más Manuel y A. Otálora parece que lo sabían desde ayer pues no confirmaron asistencia a la etapa de hoy y Edgar tenía la premonición por lo cual se le midió solo a último momento.
Era solo cuestión de interpretar las señales que estaban a la vista, pero abrigábamos la esperanza de que no fuera así, de que estuviéramos equivocados, a veces los ciclistas somos gente de fe.

Por esa razón al llegar a Carola rápidamente recibimos los paqueticos con los deliciosos y balanceados refrigerios que llevó Camilo, quien debía cumplir hoy con su turno de conductor elegido. Igualmente por eso devoramos en segundos los enormes y deliciosos bananos que repartió Nobile.

Durante solo unos segundos posamos para las fotos que tomó Camilo presionado por el afán de algunos compañeros quienes exigían una pronta salida. La línea frente a la lente de Camilo la componían 13 ciclistas, pero sabíamos que Fabio y Mao venían persiguiendo.Como verán
Alguien dijo premonitoriamente, "bueno pilas, tomemos la foto de la salida ahora que estamos secos", lo hicimos y partimos justo cuando la brisa fría y la baja temperatura parecían acentuarse. El mismo Pulga se encargó contribuir al “calentamiento global”, es decir el de todo el grupo al partir veloz al tiempo que pronunciaba en voz alta el tradicional “vamos, vamos!!”, quería volar para dejar atrás las pequeñísimas gotas de lluvia que ya sentíamos en el rostro, la idea era llegar pronto al Sisga, tal vez allí estaba esperándonos el sol. Me extrañó que dejara atrás a Nobile.
Como lo mencionamos en el párrafo inicial, lo habíamos presentido todos, casi que lo sabíamos, estaba en el aire, estaba arriba en el cielo y en efecto ocurrió:
No habíamos avanzado siquiera un kilómetro (a la velocidad de Pulga y Rei que lo secundaba), entonces de repente el lote entró como en una especie de túnel como de esos de lavado de autos que sueltan chorros de agua, era un aguacero que nos aguardaba agazapado a la vuelta de la esquina. Fue como la crónica de una mojada anunciada, o como el famoso cuento de García Márquez “” y sucedió…
En segundos pudimos comprobar que las chaquetas no son lo que indica la publicidad, ni son rompe vientos, ni son impermeables, así que el agua se sentía en la camiseta, íbamos empapados con las manos congeladas y los guantes entrapados, en la parte trasera de las chaquetas y de las pantalonetas se apreciaba ya claramente la mancha de barro café oscuro que pincela el salpicar de nuestras ruedas traseras; las medias atrapaban agua y pronto cambiaron de color blanco a café, las zapatillas parecían quererse zafar de los entumecidos pies, el agua ablanda el cuero.
En medio del chapuzón se integraron Fabio, Mauro y su amigo Nelson.
Pensaba que el pobre Camilo se iba a pegar una aburrida la macha como conductor pues ni parar podía por el aguacero, pero cuando nos superó me extrañó ver que llevaba en los porta bicis cuatro corceles de carbono, no supe cuando ni como pero había agotado localidades para la silla trasera y la del copiloto. Adelante iba Nobile y atrás Alberto, Manuel y Edgar, justo los tres apreciados arúspices que desde ayer tenían la premonición de que llovería, por eso decidieron que mejor arrancaban como pasajeros y más adelante cuando vieran el sol decidían si montaban, no sé si alguno de ellos tiene principios de ombrofobia, o simplemente se contagiaron a la salida.
Los cuatro distendidos pasajeros apreciaban la corrida desde la barrera, es decir desde la comodidad de su silla y aunque sufrían solo por sus bicis que se estaban mojando, se notaban pletóricos por haber tomado una sabia decisión.
Curiosamente a unos dos kmts el agua despareció tan rápido como llegó, el piso se veía húmedo pero por allí no llovía, la velocidad de quienes comandaban el lote parece que logró dejar atrás al aguacerito que nos empapó, pero no pudo disuadirnos de seguir camino al Alto del Sisga.
En adelante la llovizna fue una compañera iba y volvía, pero ya nos importaba, nos tenía sin cuidado, ¿qué más daba otra mojada?. Pasando Tocancipá paró la rociaderita y pudimos ver al sol por allá arriba haciendo “coquitos” en medio de algunas nubes grises, bienvenido el calorcito, ya lo extrañaban nuestras entumidas piernas, era la energia que necesitábamos para atacar El Sisga. Pensamos que los cuatro pasajeros de Camilo comenzarían a sentir remordimiento y nos acompañarían en la subida, pero los vimos tranquilos y muy entretenidos viendo como sus compañeros luchaban entre sí por coronar de primeros la cuestica que se aparece al pasar el peaje.
Fabio alcanzó la cima con Pulga respirándole de cerca, en la bajada hacia el cruce de Sesquilé se reconformó el grupo que se había dispersado en la subida. Mao y su amigo Nelson, quien venía “pataleando” optaron por aplazar para otro dia la subida al Sisga, giraron para ir a Sesquilé.
Mauricio Peña venía como pez en el agua metido en el grupo durante todo el trayecto plano, en el primer repecho observó con angustia como sus compañeros ponían una marcha de montaña que él buscaba sin encontrarla, se le alejaban hasta perderse en el horizonte. Llegando a Sesquilé vio un carro plateado con porta bicis parado debajo del puente y algunos ciclistas a su alrededor, le volvió el alma al cuerpo, puso pie en tierra, le pareció excelente que el grupo tuviera esa gentileza de parar a esperar. Pronto se dio cuenta de que ese no era el carro acompañante y que aquellos ciclistas tenían otras camisetas, resignado emprendió el camino.

Pulga venía jalando el lote al iniciar la subida al Sisga, a su rueda y preparados para lo que se venía estaban Víctor, Rei, Chinazo, Fabio, Giaco, Pablito y quien les narra. La piñoneria comenzaba a crujir, todos buscábamos el cambio ideal para acometer la larga cuesta, dejando el de reserva por si las moscas.
Como las “sensaciones” eran buenas, decidí hacer una pruebita y atacar muy temprano, así que apreté el paso, a ver qué pasaba, como resortes saltaron los italianos Giaco y Fabio, pasaron adelante con un punto más de velocidad, como se trataba de probar, me puse a su rueda durante un buen rato, hasta que vi con sorpresa que el resto de compañeros “no habían comido cuento”, ni se inmutaron.
Cometí el error de decirle a los italianos que habíamos soltado al Chinazo y a Pulga y quién dijo miedo, hundieron el acelerador a fondo y comenzaron a tomarle distancia, a este “igualao”, pero al mirar atrás me animé, mis compañeros Pablo, Pulga, Fabio Rei y Chinazo no venían tan cerca así que decidí seguir con la vista fija en los dos punteros que ya eran puntitos en el horizonte y mantener el ritmo.

Así llegamos al último kilómetro, cuando de repente me pasó el chinazo había logrado despegar al resto y venía por el tercer lugar. Me acordé de su dolencia en el Siático que le ha impedido entrenar en forma y eché mis restos para frustrarle sus intenciones, esta vez lo logré todo gracias al amigo “asiático”.
Luego me confesaría que cuando partí con Fabio y Giaco el pensó "ojala esos *&#= italianos vuelvan mi&@ a ese man", se ve que los conoce.

Pablito logró despegar a Rei, a Víctor y a Pulga, quien llegó cerrando el pequeño grupo. Gran error haberlo toreado sabiendo que luego vendría su terreno. Tuve un mal presentimiento.
El Chinazo nos invitaba a continuar para Chocontá pero el clima no era el ideal, mejor dicho las uvas estaban verdes, así que le cambiamos la invitación por una visita a “Aquí Paran Por Pan”, donde nos calentamos con aguade panela y queso. Víctor siguió de largo.
La vía ya estaba prácticamente seca Alberto optó por calmar su cargo de conciencia , bajó su bici y salió con destino a Carola. Manuel, Nobile y Edgar aún tenían presentimientos de lluvia, prefirieron la cálida cabina del carro acompañante.
Bajamos a buena velocidad, esa vía del Sisga al peaje está en excelentes condiciones y genera confianza. Convinimos en reagruparnos en el peaje. Paramos, pero Pulga pasó de largo, nuevamente escuchamos el “vamos, vamos”, pero esta vez le agregó un "voy siguiendo despacito”. Algo no me cuadraba, aquí iba apasar algo.
Teníamos una tarea pendiente de casi 35 kmts planos, nuevamente la pelicula se repetía, sabíamos lo que iba a pasar, lo presentíamos, me lo imaginé cuando Pulga pasó de largo, mientras Mauricio Peña aún venía bajando y Fabio había parado para enterarse de cómo iba la Vuelta a España, (alguien en el peaje escuchaba la transmisión en la radio de su carro, hablaban de una escapada del “Superman López” y que Froome venía preocupado pues además Nibali lo atacaba).
Giaco arrancó en pos de Pulga y de Alberto que había bajado primero, Pablito y Rei se le pegaron Manuel ya había decidido calmar su remordimiento e iba en el lote, totalmente fresco. Alcanzaron a Pulga y siguieron derecho, apretaron tanto el paso que le sacaron una buena luz, grave error; yo venía atrás de espectador y me tocó ayudar para llegarles, Pulga logró conectar y pasó al frente del pelotón con Manuel, yo casi lo lograba, pero entonces Manuel y el Chinazo colaboraron con “la venganza de Pulga” ya le debíamos dos.
Pasando Tocancipá, soltaron a Pablito y a Giaco, yo seguía atrás muy cerca,y pese a que mi velocímetro oscilaba entre 38 y 41 kmt/hora no podía conectar, adelante veía al grupo de Pulga y unos 20 metros de ellos Pablito y Giaco andaban en las mismas. En el último repecho Rei se entregó, ya no le quedaban reservas. Atrás habían quedado solos Fabio, Alberto y Mauricio Peña.
Finalmente logré llegarle a Giaco y a Pablito, cuando faltaba un poco más de un kmt. Nuevamente entramos en el mismo túnel de lluvia y nos pegamos el segundo chapuzón del día, esta vez la lluvia estaba agresiva, golpeaba como si llevara adheridos micoscópicas partículas de hielo.
Pulga, Chinazo y Manuel, llegaron a la meta, nunca los pudimos conectar pese a que los veíamos, el viento era tenaz (digamos que esa fue la disculpa). Pablito hizo el reclamo, a los vencedores quienes perfectamente habían podido mermar la velocidad para permitir que nos hubiéramos integrado, como diría el Papa Pacho faltó misericordia, pero así es el ciclismo, al final no son culpables los que lo botan a uno, la culpa es nuestra por quedarnos.
Al regreso Mauricio Peña tuvo que estrenarse como pasajero del carro acompañante, hoy seguramente su percepción cambió con respecto al el domingo pasado, aquel día le pareció que el ritmo de CicloBR es agradable y que al regreso se trabaja en grupo, tranquilo compañero solo recuerde una las famosas leyes de Murphy: “Cualquier situación es susceptible de empeorar”. Ánimo Mauricio que el domingo si le hacemos despacio, pero por si acaso léase esta semana , entenderá muchas cosas.

Agradecemos a Nobile y a Edgar hoy se sacrificaron por sus compañeros, prefirieron no montar para acompañarnos durante los 80 kmts en el carro, qué buen detalle. Igualmente reconocimientos a Manuel y Alberto quienes optaron por dejar la mullida silletería del Nissan y hacer los 40 kmts finales en bici para experimentar lo que sentían sus compañeros con la lluvia, lo lograron, se pegaron su buena empapada.
Agradecemos a Cami por excelente trabajo como asistente en la etapa, por las fotos que tomó () y por toda la atención que les brindó a bordo a los ciclistas en cabina, Nobile les contaba historias para que no se durmieran.
Feliz semana.

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