Bogotá, mayo de 2011

RECORDANDO A UN AMIGO

Por CicloBR, el grupo de ciclismo al que estamos orgullosos de pertenecer, han pasado muchas personas que recordamos con cariño. Algunas hicieron un breve tránsito por lo cual su imagen con el paso de los años se va tornando difícil de recordar. Otros por el contrario han dejado su impronta y es difícil olvidarlos.

En el segundo caso podemos enumerar varios de esos inolvidables amigos. Hoy queremos recordar a uno en especial: a Gustavo Aldemar Herrera. Lamentablemente nos abandonó prematuramente el 13 de mayo de 1994, otra de las tantas víctimas de la inseguridad de nuestra ciudad.

Gustavo Aldemar Herrera nació el 10 de enero de 1954, pesaba apenas 56 kilos y se destacaba por su físico delgado que le valió el remoquete del Flaco Hererra. Cuando iniciamos con CicloBR en 1987 el Flaco ya llevaba 12 años practicando el ciclismo. Fue un deportista superdotado, con una facilitad impresionante para escalar montañas en su


consentida bicicleta. Al igual se destacaba en las subidas a Monserrate, era imposible seguirle el paso aún cuando llevaba a sus hijas cargadas.

Gustavo fue todo un personaje, excelente ciclista, desinteresado maestro de las bielas, aventurero, despreocupado, amigo de sus amigos, medio músico y medio bohemio, con un pequeño toque de loquito pero de una gran chispa. Estoy seguro que Alfredo Galvis se hubiera divertido mucho con él intercambiando chistes y apuntes, Eduardo Bedoya, Jacinto Cuta y Franck Munar hubieran tenido un duro "sparring" para probarse en plano y montaña. Alberto Rivera, Orlando Molano, Anilsa, Alfredo Santa Cruz, Armando Torres habrían gozado de lo lindo oyendo sus anécdotas. William Trejos hubiese tenido esa mano amiga en las subidas.

Teniendo en cuenta que ellos y algunos otros colegas no tuvieron la oportunidad de conocer al Flaco voy a intentar describirlo, con el perdón de sus grandes amigos.

Estatura mediana, tez morena, curtida por efectos del sol; pelo oscuro medio ensortijado y algo descuidado, pues era parte de su personalidad. Contextura delgada. Dos delgadas hileras de pelitos, conformaban lo que él juraba era un bigote, que por la forma, no por lo poblado se asemejaba al del famoso Mario Moreno.

Su apariencia y forma de ser y de vestir eran irreverentes y le importaba un pito lo que pensaran los demás. Boyacense de nacimiento, de Nobsa, pero más bogotano que el tamal con chocolate, su forma de hablar se asemejaba a la del famoso Pachito Morales.

Su infancia fue difícil y de muchas privaciones, sin serlo fue huérfano, pero se vengó de la vida conformando un bonito hogar con una excelente esposa y dos hijitas que fueron su adoración, Genny Tatiana y Laura Marcela. De joven vio en el ejército su tabla de salvación para avanzar en la vida y prestó su servicio militar, aprovechó esa etapa para cultivar un estado físico envidiable, pues la verdad superaba los límites normales y parecía no concordar con su delgado y frágil cuerpo. En la milicia se la gozó y terminó como audaz paracaidista. Esa formación militar lo marcó en su vida y de pronto le incenivó algo de rebeldía a su personalidad.

No supimos cuándo y porqué optó por la bicicleta de carreras para combinarla con su pasión por el atletismo de largo aliento. Fue “liguero” destacado pero prefirió el ciclismo recreativo al de competición. Su bicicleta no era la mejor ni la más cuidada. Decía que había que mantenerla sucia y que pareciera vieja pues así no se la robaban. La verdad la bicicleta para él era lo de menos, nunca se preocupó por invertirle a los fierros, pues igual tenía mucha fuerza y potencia en sus delgadas piernas y aliento inagotable en los pulmones. Seguramente hoy no tendría una de carbono, ni la hubiera necesitado para relegarnos en la subida o en el plano.

Sus métodos de entrenamiento eran poco ortodoxos; no los sacaba de los libros, ni de consejos de expertos, eran originales, él los inventaba y los transmitía con vehemencia a sus pupilos, pues era un apasionado maestro para compartir sin egoísmo, corregir y enseñar eran sus virtudes innatas, así formó a su pupilo Granados a quien le decía "vaselino" cuando veía que se le quedaba. Aconsejaba por ejemplo, que cuando uno descendía en bicicleta, en las curvas debía inclinar la cabeza hacia un lado para poder escuchar el ruido de los carros que bajaban.

!Párese en los pedales y así descansa!. !Coloque las manos en el manubrio de esta forma!.!Ese es el ritmo!. !Un, Dos, Tres!. Así, siempre dando consejos, los conocimos quienes tuvimos el privilegio de ser sus alumnos, en la carretera y en las sesiones de gimnasia.

Subía a Patios con pesas en los tobillos para aumentar la potencia en la subida. Empujaba paredes y se pegaba a las rejas de ventanas y casas tratando de arrancarlas, porque según él así se aumentaba la fuerza en los bíceps y en las piernas. Subía a Monserrate trotando con sus dos pequeñas hijas, una en cada brazo y aún así era inalcanzable. Creía ciegamente en que en la noche se aprovechaba mejor el entrenamiento, por esa razón salía a montar en bicicleta en la vía a Villavicencio con su hijita en las espaldas mientras nosotros dormíamos. Igualmente trotaba de noche en las calles de Bogotá, haciendo distancias que superaban los 10 kilómetros, lamentablemente uno de sus entrenamientos nocturnos de maratón le costó la vida cerca de Timiza.

Cuando entrenaba lo hacía en extremo, nos decía “El entrenamiento debe ser tan duro para que luego la guerra parezca un descanso”.

Me parece verlo llegar en "Pluto", ese viejo Zastava naranja que permanecía más tiempo en el taller que en las calles, con un suéter vinotinto y gris algo desgastado, haciendo bromas y contagiando a todos con su alegría, especialmente en las reuniones. Su pasión por el deporte y la bicicleta lo combinaba con la bohemia, pues desde joven aprendió a rascar la guitarra y en cualquier reunión, una vez se animaba con un par de “politas” saltaba al escenario a cantar; no voy a decirles que lo hacía muy bien, pero a fin de cuentas él ni a nadie le importaba.cuando de pronto aparecía al frente en el escenario con una vieja guitarra entonando casi siempre esta canción:

“Yo sólo quiero mirar los campos,
yo sólo quiero cantar mi canto,
pero no quiero cantar solito,
yo quiero un coro de pajaritos.

Quiero llevar este canto amigo
a quién lo pudiera necesitar
Yo quiero tener un millón de amigos
y así más fuerte poder cantar…”

En realidad tuvo muchos amigos, pero lamentablemente falleció el 13 de mayo de 1994, víctima de un absurdo atraco callejero. Vivió intensamente esos 40 años, durante los cuales se la "gozó". Se tomó las politas que quiso y cuando quiso.

Participó en los primeros seis Nacionales de Ciclismo. En el primero ocupó el tercer lugar a unos pocos segundos del líder Manuel Leal ; en el segundo fue Subcampeón. En los tres siguientes siempre estuvo en los primeros diez lugares.

En 1994 se corrió el séptimo Nacional de ciclismo en homenaje al Flaco Herrera.

Muchas anécdotas podríamos narrarles, pero tal vez ésta es la que más recordamos: una tarde estaba en el Club de Anebre, cerca al Boquerón, tomándose unas politas después de una dura jornada de ciclismo. Alguien le preguntó si había llevado la guitarra, respondió que no, pero que no era ningún problema, acto seguido tomó su bicicleta subió hasta Bogotá y regresó varias horas después con su preciado tesoro, su inseparable guitarra.

Alguna vez le dio por acompañar a Pedro Cárdenas, un atleta casi profesional, en una maratón Bogotá Girardot. Pedro, un a fondista de mucha experiencia ya había hecho ese recorrido varias veces. El Flaco en ese entonces "fundió" a Pedro quien solo le aguantó parte del tramo.

Ese, a grandes rasgos, era el “flaco Herrera”, buen padre, un completo gocetas, deportista insuperable, buen bailarín y bohemio incorregible. Hoy sería hoy un abuelo de 57 años que cargaría a su nieto subiendo a Canicas, tal vez con los bolsillos de su camiseta llenos de arena, pero sería sin dudas personaje destacado en CicloBR, mamagallista consejero y apreciado amigo.

No está físicamente con nosotros, pero nos acompaña en los entrenamientos y en cada tertulia pues aún continúa vivo su recuerdo, pues cuando uno trasciende no muere.

Bogotá mayo 13 de 2011

 

RESPUESTA RECIBIDA DE LA FAMILIA HERRERA

Muchas gracias por recordar a el hombre que aún amamos profundamente: Gustavo Aldemar Herrera; mi Dios los bendiga y los proteja.
Nos conmovió profundamente el mensaje, nosotras también los recordamos profundamente y los tendremos en nuestras oraciones siempre.
Gustavo es un feliz abuelo de un nieto: Santiago Guzman Herrera a quien protege y guía desde el cielo.

Gracias mil gracias.

Netty, Laura, Genny y Santi HERRERA

Adjuntamos la foto de la familia! un fuerte abrazo y que Nuestro Padre Dios los siga bendiciendo grandemente y la Mamita María siga cubriendo a todos los del CicloBR con su Santo Manto y los proteja de todo mal.
Esperamos seguir en contacto,

Recuerdos Familia Herrera Mora.

Bogotá, mayo 16 de 2011


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