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Bogotá, agosto 16 de 2026

Sisga, Macheta y una que otra mojadita

JAVIER YESID VELANDIA LEAL - JAVIVE

Hay salidas de CicloBR que empiezan con puntualidad, organización y disciplina. Y hay otras que empiezan como la de este domingo 16 de agosto de 2026: con una encuesta en WhatsApp, dos opciones de ruta, un combo de ciclistas llegando tarde, un conductor que misteriosamente cambió de turno y una señora, Sandrita, que terminó haciendo de conductora elegida, logística, refrigerios y seguramente de autoridad moral para que estos locos no se mataran de hambre en la carretera.

Como de costumbre, la salida se organizó democráticamente en el grupo, que es una manera elegante de decir que ponemos una encuesta y después cada uno interpreta el resultado como le conviene. Las opciones eran claras: salir desde el Outlet Arauco de Sopó hacia el Alto del Sisga, con dificultad intermedia para quienes querían una jornada juiciosa, o continuar hasta Macheta, agregando kilómetros, desnivel y ese pequeño ingrediente que siempre aparece en CicloBR: la posibilidad de preguntarse, cuando uno ya va mamado, “¿y quién fue el creativo que propuso seguir?”.
La ruta de hoy tenía como escenario principal el corredor Sopó, Alto del Sisga y Macheta, una de esas carreteras que engañan al ciclista con paisajes muy bonitos mientras las piernas están haciendo una protesta sindical. Desde el Outlet Arauco se parte alrededor de los 2.500 metros sobre el nivel del mar y se comienza a ganar altura progresivamente hacia el Alto del Sisga, pasando por sectores de pendiente moderada y algunos repechos que pueden moverse aproximadamente entre el 4 % y el 8 %, con rampas puntuales más exigentes dependiendo del tramo y del sentido de circulación.

El Alto del Sisga se encuentra a 2865 metros de altitud, de modo que la primera gran dificultad no es una pared alpina, pero sí representa un buen filtro para saber quién vino a montar bicicleta y quién vino a posar para la foto. Luego, quienes decidieran continuar hasta Macheta tendrían que enfrentar el descenso desde el Sisga y posteriormente el regreso, convirtiendo la jornada en una combinación bastante más seria de resistencia, desnivel acumulado y capacidad de administrar las piernas. El clima, por fortuna, se comportó como un caballero durante buena parte del recorrido: fresco, con nubosidad variable, algunos momentos de lluvia ligera y finalmente un sol que apareció cuando ya estábamos suficientemente mojados como para que no importara demasiado.
Pero antes de hablar de la carretera había que hablar de los protagonistas. Para esta salida se reunieron Marcolino Barrera, Henry Charry, Luis Eduardo Pulgarín, Orlando Carrillo, Guillermo Durán, Oscar Tascón, Ricardo “el Profe”, Pablo Torres, Eduard Daza, invitado de Guillermo, y quien escribe estas líneas, Javier Velandia, conocido en los bajos fondos ciclísticos como Javive. Y la nómina tenía un ingrediente especial: el regreso de dos personajes de talla mundial, de esos que uno no sabe si reciben aplausos por volver o si el grupo debería cobrarles cuota de reingreso. Después de unas largas vacaciones por Monterrey, Casanare, regresaba Marcolino Barrera, mientras que Ricardo, el Profe, hacía su primera salida oficialmente en este año con CicloBR. Qué placer tener nuevamente a estos ilustres personajes en la grupeta, porque una cosa es tener buenos ciclistas y otra muy distinta es tener personajes que aporten kilómetros, conversación, competencia y, sobre todo, material para una crónica.
La logística, como siempre, tuvo su propio capítulo. El conductor elegido para este fin de semana era el Chinazo, pero hace rato no lo vemos por el grupo y nadie sabe exactamente qué negociación diplomática hizo con Pablo. Lo cierto es que hubo cambio de turno y Sandrita, esposa de Pablo, terminó acompañándonos en el vehículo de apoyo. Desde estas líneas, aplauso para Sandrita, porque mientras nosotros estábamos preocupados por watts, pulsaciones, pendientes y velocidades, ella estaba encargándose de que la logística funcionara. Además, contamos con el apoyo de Orlando Márquez, a quien le solicitamos colaboración con el acompañamiento de la moto de Staff Cycling. La empresa designó a Diana para acompañarnos y, a diferencia de algunos ciclistas cuyo reloj parece funcionar con horario de vacaciones, Diana llegó muy cumplidamente a las 7:00 de la mañana. Puntual, preparada y lista para lidiar con diez ciclistas que, en algunos momentos, parecíamos más una excursión de colegio que una grupeta de carretera.

Fue la designada por Staff Cycling, la misma a la que Armandito al ver su foto en traje de playa calificó en el Chat con un no me gusta.
El problema fue que el grupo no estaba completo a esa hora. El famoso combo Picapiedra venía en camino. Pulga, haciendo las veces de Pedro Picapiedra; Orlando Carrillo, en su papel de Bam Bam; y Henry Charry, interpretando a Pablo Mármol, llegaron aproximadamente a las 7:45 de la mañana. Al parecer, el Troncomóvil no desarrolló la velocidad esperada en la autopista y tocó esperar. Si alguno se pregunta por qué una salida de bicicleta puede demorarse casi una hora antes de arrancar, la respuesta está en una combinación de logística colombiana, tráfico dominical y una capacidad extraordinaria para calcular mal el tiempo de llegada. Lo importante es que llegaron enteros, que ya es bastante, y con eso se completó la tropa.
Antes de arrancar, sin embargo, había que agradecer a Pablo y Sandrita por el acompañamiento y los refrigerios. Bananos, galletas Oreo y bocadillo aparecieron como una especie de kit de supervivencia para una expedición que todavía no había comenzado. En una ruta como esta, esos pequeños detalles valen oro, porque cuando las piernas empiezan a pedir combustible, uno deja de ser ingeniero, abogado, administrador o lo que sea y se convierte simplemente en un ser humano desesperado por encontrar un banano.

Diana, por su parte, nos ayudó a inflar las llantas y poner las bicicletas a punto. Mientras unos revisaban frenos, presión y transmisión, otros emprendían la famosa media maratón para llegar al baño. Los servicios del centro comercial están, como todos saben, “bien al fondo a la derecha”. Una dirección aparentemente sencilla, pero que para algunos compañeros representa una prueba de orientación comparable a encontrar el Santo Grial.
Finalmente, a las 8:05 de la mañana, arrancamos. Récord del año. Nunca habíamos salido tan tarde. Para algunos fue una afrenta contra la tradición; para otros, simplemente la oportunidad de dormir un poquito más. Acordamos que el carro acompañante regresaría con el grupo que decidiera llegar únicamente hasta el Sisga, mientras que la moto continuaría hasta Machetá. La primera parte de la ruta se hizo bastante compacta, rodando aproximadamente entre 25 y 30 kilómetros por hora hasta el peaje del Roble. Era el momento perfecto para la charla de rigor, ponerse al día con lo ocurrido durante la semana y recordar que el ciclismo también consiste en hablar mi...da mientras uno todavía tiene aire suficiente para hacerlo.
Y entonces apareció el primer puerto serio del día: el sector del Peaje del Roble. Ese tramo funciona como el primer examen de admisión. No es todavía la gran subida, pero sí sirve para despertar las piernas, medir sensaciones y, sobre todo, tomar una decisión que en CicloBR siempre parece sencilla hasta que empiezan los kilómetros: “¿Sisga o Macheta?”. El grupo subió bastante compacto y varios empezaron a mostrar las cartas. El Profe, don Guillermo, Henry y Orlando estuvieron entre los que dieron un golpe de autoridad. Los demás fueron subiendo de acuerdo con su condición, porque en CicloBR hay una regla no escrita: cada uno corre contra la montaña y contra su propia cabeza, no necesariamente contra el compañero que tiene al lado.


Y hablando del Profe, vaya regreso. Que sea su primera salida con CicloBR no significa que Ricardo haya estado guardando la bicicleta para decorar la sala. El hombre viene haciendo sus cosas, rodando juicioso y, según se podía ver en Strava, acumulando kilómetros con disciplina. El resultado se notó en la carretera. En el puerto del Alto del Sisga prendió la moto y nos dejó regados. El Profe no pidió permiso, no hizo anuncio, no mandó comunicado: simplemente aceleró. Como pude, le di cacería faltando aproximadamente 200 metros, porque además de ciclista tengo responsabilidades periodísticas. Alguien tenía que registrar el momento para la historia y, casualmente, ese alguien iba detrás tratando de no explotar.


Más atrás aparecía Oscar con su nueva bici look, acompañado por Eduard, quien rápidamente descubrió que CicloBR tiene un departamento jurídico no oficial. Otro abogado en la grupeta. A falta de Alberto, ya apareció quien pueda reemplazarlo en esa rama de la profesión. Unos metros después llegaban Orlando, Henry, Guillermo, Pablo, Luis Eduardo y Marcolino, haciendo una subida muy digna. Cada uno a la medida de su condición, sin dramas y sin necesidad de demostrarle nada a nadie. Porque esa también es una de las cualidades de este grupo: puede haber competencia, piques, ataques y alguna que otra puteada amistosa, pero al final todos entienden que lo importante es llegar juntos, disfrutar la ruta y tener una buena historia para contar.
Al llegar al Alto del Sisga se produjo la primera gran división natural del grupo. Ricardo, Luis Eduardo, Marcolino y Orlando decidieron regresar con el acompañamiento de Sandra. Hicieron un verdadero pacto de caballeros: rodar juntos, a un solo paso, acompañándose durante el regreso. Y ahí se ve otra de las grandes virtudes de CicloBR: la solidaridad. Porque pedalear rápido es fácil cuando uno tiene piernas, pero saber regularse para acompañar al compañero es otra cosa. A ellos les cayó incluso una pequeña lluvia durante el regreso, suficiente para recordarles que agosto en Colombia no es precisamente famoso por consultar primero el pronóstico antes de mandar agua.
Y como Orlando nunca desaprovecha una oportunidad para soltar un comentario, esta vez tampoco podía faltar el chiste. Mientras avanzaban hacia el regreso, alguien preguntó si la lluvia iba a empeorar y Orlando, con ese tono santandereano que parece venir con certificado de fábrica, respondió: “Tranquilos, que si esto se pone feo, en Barbosa no nos preocupamos por el agua; allá uno se para debajo de un puente, saca la arepa y espera a que escampe. Y si no escampa, pues se come la arepa y seguimos esperando”. Nadie sabe si el chiste fue bueno, pero todos se rieron, posiblemente porque en una subida uno se ríe de cualquier cosa que no sea el dolor de las piernas.
Mientras tanto, los más aventados decidimos continuar hacia Macheta: Eduard, Oscar, Guillermo, Pablo, Henry y Javive, acompañados por Diana en la moto. Hacía aproximadamente ocho meses que no recorríamos esta ruta, y había cierta curiosidad por saber cómo estaba la carretera. La respuesta fue excelente: la vía estaba en perfectas condiciones y el clima se comportó de manera bastante condescendiente con nosotros. Desde el Alto del Sisga iniciamos el descenso hacia la entrada de Machetá, aprovechando la velocidad, recuperando las piernas y disfrutando de uno de esos momentos que hacen que uno recuerde por qué carajos se mete en estas aventuras cada domingo.
En la entrada de Machetá llegó el momento de recargar baterías. Y aquí no hubo geles sofisticados ni barras energéticas importadas.

La ciencia nutricional de CicloBR volvió a demostrar su superioridad con unas arepas recién hechas y una aguadepanela con queso. Hay estudios que seguramente todavía no han sido publicados por falta de presupuesto, pero cualquier ciclista colombiano sabe que una arepa caliente después de una buena jornada de carretera puede producir resultados fisiológicos sorprendentes. La minitertulia apareció naturalmente, porque una parada de comida en CicloBR nunca es solamente una parada de comida: es una reunión de junta directiva, comité técnico, tribunal deportivo y programa de chismes.
Durante esa pausa también apareció nuevamente el tema del viaje a Ipiales realizado por algunos integrantes del grupo. Hubo comentarios sobre algunos apartes de aquella aventura y quedó pendiente por parte de Pablo la parte final de la crónica. El compromiso quedó adquirido: Eduard le ayudará con algunos datos geográficos de la zona para complementar el relato de la última parte de la travesía. Y aquí tenemos otra noticia: don Eduard está sumando puntos rápidamente. No solamente monta bicicleta, aguanta la ruta y conversa sin problema, sino que además es abogado y tiene material para escribir. Así que podría convertirse en un potencial miembro de CicloBR y, por qué no, en una pluma adicional para las crónicas.

Ahí se las dejamos al comité directivo, que seguramente tendrá que estudiar su hoja de vida, medir su capacidad de subir puertos y verificar si aguanta la cantidad de chistes por kilómetro que exige este grupo.
Eduard nos acompañó hasta este punto porque su familia había llegado para continuar hacia Guateque. Tenían programado un día en familia y nos presentó a su esposa Margarita, a su hija Diana, quien también monta bicicleta, a su hijo y hasta a su mascota. Una familia muy agradable, de esas que uno conoce por primera vez y rápidamente siente que encajan con el ambiente. Esperamos que hayan disfrutado de los paisajes de la zona, la carretera, la buena comida y, por supuesto, que no hayan pensado que todos los ciclistas somos tan desocupados como para salir un domingo a perseguir montañas por puro gusto.
Después de la parada tocaba regresar. Henry y Oscar fueron enviados adelante para que cogieran su paso.

Pablo, Guillermo y Javive quedamos un poco más atrás, acompañados por Diana. La idea era darles ventaja, dejarlos rodar tranquilos y permitir que cada uno subiera de acuerdo con sus propias sensaciones. La ventaja, sin embargo, duró hasta aproximadamente cinco kilómetros antes de la llegada. Henry venía muy empoderado de la punta del lote, seguido por Oscar.

Y como dicen por ahí, no pueden ver a un hombre feliz porque les pica la envidia. Así que Guillermo y Javive decidimos apretar el paso para intentar cazarlo.


Y lo cazamos. Henry no pudo sostener el paso y don Guillermo siguió de largo. Yo, por supuesto, tenía una obligación periodística que cumplir: registrar los pormenores de la llegada.

Así que tocó acelerar en el descenso, cazar a Guillermo y ubicarme donde pudiera hacer la foto. Porque en CicloBR hay sacrificios que un periodista debe asumir. Uno de ellos es bajarse la dignidad, apretar los dientes y acelerar para poder documentar quién llegó primero. El resultado fue don Guillermo en segundo lugar, Henry en tercero, mientras Pablo y Oscar, fieles a su papel de líder y gregario, mantuvieron un paso firme en cuarta y quinta posición, acompañados por Diana.

Una llegada digna de un grupo que, aunque se burla mucho, también sabe competir con respeto.
Una vez en el Sisga hicimos una parada para hidratarnos y acordamos algo muy importante: desde ese punto hasta Briceño, todos junticos, agrupaditos y sin inventar pendejadas. Y vaya que lo cumplimos. Por una vez, la palabra “juntos” significó exactamente eso. Rodamos como grupo, cuidando el ritmo y aprovechando el descenso y los sectores favorables. Pero la carretera tenía preparado otro pequeño capítulo. Una llovizna empezó a caer desde antes del Peaje del Roble y nos acompañó hasta después de Gachancipá. No era un aguacero de esos que hacen pensar en el Arca de Noé, pero sí lo suficiente para obligarnos a detenernos y sacar los impermeables.
Después de Gachancipá apareció el sol. Y ahí ocurrió uno de esos pequeños milagros meteorológicos que Colombia regala sin previo aviso: después de mojarnos, el sol salió con ganas, la carretera empezó a secar la humedad y nosotros comenzamos a recuperar el ánimo. La velocidad pasó de 30 kilómetros por hora y, cuando ya nos emocionábamos pensando en poner el paso cerca de 38, la bicicleta de Pablo decidió que también quería participar en la historia. La rueda no aguantó y se desinfló a la entrada de Tocancipá.


Parada técnica. No había discusión. Había que solucionar la avería, aprovechar para tomar agua y comer algo que permitiera llenar nuevamente el tanque. Diez minutos fueron suficientes para poner todo en orden. Y aquí apareció otro de los personajes silenciosos de la jornada: el inflador electrónico de don Guillermo.

Esa maravilla tecnológica entró en acción y devolvió la vida a la rueda de Pablo. Aunque todavía existe una teoría dentro de la grupeta según la cual el aparato no infla las llantas con aire normal, sino con “aire del grueso”. Porque después de esa reparación Pablo volvió a rodar como si nada y fue capaz de sostener el paso hasta La Caro. Con semejante resultado, habrá que patentar el invento.
Con la bicicleta nuevamente operativa, retomamos la carretera. La pendiente favorable permitió aumentar la velocidad hasta aproximadamente 40 kilómetros por hora y probar un poco cómo venían las piernas. El grupo se mantuvo compacto hasta Briceño. Allí se produjo la despedida definitiva de la jornada. Guillermo, Henry y Oscar entrarían por Briceño hacia el Outlet, mientras Pablo y Javier continuaríamos de largo hacia La Caro. Parecía que la ruta ya estaba prácticamente terminada, pero como en CicloBR la sensatez suele aparecer solamente después de que uno llega a la casa, quedaba un último capítulo.
Pablo y Javive, sin ponerse de acuerdo y sin necesidad de que nadie diera la orden, terminamos convirtiendo el tramo Briceño La Caro en una contrarreloj improvisada. Aparecieron tramos de aproximadamente 47 kilómetros por hora y, de repente, aquellos dos ciclistas que seguramente cinco minutos antes habían jurado que iban a ir tranquilos estaban metidos en una persecución digna de una etapa de vuelta por Colombia. Diana nos acompañaba en la moto y probablemente se preguntaba qué carajos había pasado con el acuerdo de rodar tranquilos.
La teoría oficial es que el inflador electrónico de Guillermo había hecho un trabajo excepcional. La teoría no oficial es que a Pablo le metieron aire del grueso, porque el hombre logró aguantar el paso y mantenerse firme hasta La Caro. Allí terminaría finalmente la jornada para nosotros, después de una ruta larga, exigente y bastante completa. Y mientras tanto, Sandrita, que había cumplido con toda la logística del día, llegó para recoger a Pablo después de haberlo esperado durante más de dos horas. Eso sí es amor. Porque una cosa es acompañar a un ciclista y otra muy diferente es esperarlo durante horas mientras uno no sabe si el susodicho está llegando o si decidió fundar un nuevo municipio entre Macheta y La Caro.
La jornada terminó sin la tradicional tertulia final. La ruta había sido larga, el grupo se había dispersado en diferentes momentos y cada quien tenía su propia historia para contar. Pero seguramente en ocho días tendremos oportunidad de recuperar esa conversación, preferiblemente acompañada de unas bebidas hidratantes, porque después de una ruta así también hay que hidratar la palabra.

Extra!! nos informan que no hubo tertulia hubo Trestulia con hidratación y larguita según parece, como lo confesaron estos tres en el chat:

Hoy quedó demostrado nuevamente que CicloBR no es solamente un grupo de personas que se reúne para montar bicicleta. Es una pequeña comunidad de personajes con estilos diferentes, capacidades diferentes y formas diferentes de enfrentar la carretera, pero con algo en común: las ganas de salir, compartir y volver a casa con una historia que valga la pena contar.
Marcolino volvió después de sus largas vacaciones en Monterrey, Casanare, demostrando que todavía tiene gasolina. El Profe se estrenó oficialmente con CicloBR y dejó claro que no vino a pasear. Guillermo mostró nuevamente su capacidad para moverse en los momentos importantes. Henry asumió la punta con autoridad. Oscar, con su nueva bici look, cumplió como siempre. Orlando aportó kilómetros y seguramente varios chistes que todavía no aparecen en esta crónica. Luis Eduardo rodó con disciplina. Pablo volvió a demostrar que una rueda desinflada no necesariamente significa el final de una jornada. Eduard llegó como invitado y terminó dejando candidatura para convertirse en nuevo integrante y posiblemente cronista. Diana cumplió impecablemente con el acompañamiento en moto. Sandrita sostuvo la logística y los refrigerios. Y todos, absolutamente todos, aportaron algo para que esta salida terminara siendo una de esas jornadas que se recuerdan.
Porque al final de cuentas, las cifras importan: kilómetros, metros de desnivel, velocidad promedio, pendientes, kilómetros por hora, tiempos de subida y segmentos de Strava. Pero también importan las pequeñas cosas. La arepa caliente en Macheta. La aguadepanela con queso. Las Oreo. El banano. La lluvia en el regreso. El sol apareciendo después de Gachancipá. La rueda de Pablo diciendo “hasta aquí llegué”. El inflador mágico de Guillermo. La persecución a Henry. El Profe escapándose en el Sisga. La familia de Eduard llegando a continuar su viaje. Y, sobre todo, esa capacidad de convertir una carretera en una colección de historias que después terminan siendo más importantes que cualquier número registrado en el ciclocomputador.
Así que hasta aquí llega la crónica de esta semana, señores. El Alto del Sisga quedó nuevamente conquistado, Macheta recibió nuestra visita, la carretera no logró quebrarnos y el grupo demostró una vez más que puede afrontar una ruta exigente sin perder el humor. Ahora viene la parte verdaderamente difícil: entrenar entre semana. Porque el domingo todos somos héroes, pero el lunes la bicicleta se queda mirando desde la esquina y uno empieza a negociar con la conciencia. No se dejen ganar de la pereza, que las montañas no se suben solas y el Profe ya dejó la vara bastante alta.
Nos vemos en ocho días, con nuevas rutas, nuevos ataques, nuevas excusas y seguramente alguna nueva avería mecánica que nos permita seguir escribiendo estas vainas. No olviden comentar, dejar el dedito arriba si les gustó el relato y, sobre todo, compartir la historia con ese compañero que siempre dice “hoy voy suave” y termina atacando a los cinco kilómetros. Buen lunes festivo, buena semana y recuerden: en CicloBR podrá faltar el entrenamiento entre semana, podrá faltar el aire en la llanta y hasta podrá faltar el conductor del carro, pero lo que nunca falta es una buena historia para contar.

 

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 INVITACIÓN

REUNIÓN DE TRABAJO CICLOBR- DOMINGO 30 DE AGOSTO DE 2026

No podemos dejar que el Grupo se extinga!!

Queremos escuchar a todos los asociados y conversar sobre cómo estamos viviendo nuestras salidas dominicales y, entre todos, encontrar ideas que nos permitan mejorar, renovar la motivación y volver a disfrutar cada domingo en la bicicleta con más asociados en carretera.
La idea es que en ese Taller Participativo expresemos libremente qué nos gusta de CicloBR, en qué estamos fallando, en qué creemos que podemos mejorar y qué nuevas ideas nos gustaría poner en práctica para lograr mayor participación. Vayan anotando sus ideas.


Tu opinión es importante y Tu presencia indispensable, es por el futuro de CicloBR

Ya hicimos una Reserva de un salón en el Centro Deportivo Choquenzá para el domingo 30 de agosto entre las 9 a.m. y las 12:30 p.m.

Luego tendremos un almuerzo de integración.Todo el costo del evento lo asume CicloBR.

Como el miércoles en la mañana tendríamos que cancelar el 50% , necesitamos saber si podemos contar por lo menos con 20 afiliados para que se justifique esa inversión, cuyo objetivo como se menciona es analizar la situación actual de asistencia, escuchar propuestas y salir de allí con soluciones para aplicar de inmediato.

Les enviaremos el dia martes por el chat una encuesta que les rogamos responder ese mismo día.

Ese domingo 30 de agosto fue reservado en la programación, por lo cual no habrá salida, quienes quieran acordar salida para el sábado lo pueden hacer.

Uniforme para ese dia: tu mejor pinta dominguera. Anota ya en tu agenda, para que no se te olvide.

De antemano agradecemos tu participación.

 

 

GUASQUITA 2025 LA CARO SANTA ROSITA LA CARO resumen de javier