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Bogotá, abril 26 de 2026

RELATO DE LA ETAPA POR JAVIER YESID VELANDIA L

Entre Huecos, Historia y Sprints: Crónica de un Domingo Perfecto en Nemocón.

Hay salidas que se planean con semanas de anticipación… y hay otras que simplemente fluyen. La del 26 de abril de 2026 fue una mezcla curiosa de ambas: tenía ruta definida, propuesta seria cortesía de don Guillermo, pero también ese toque de incertidumbre que solo el clima y los imprevistos saben ponerle al ciclismo de carretera. Porque sí, amaneció lloviendo. Y cuando en la sabana amanece así, más de uno se voltea en la cama y negocia con la conciencia: “hoy no salgo… mañana entreno el doble”. Realidad: eso nunca pasa.
Aun así, el punto de encuentro se mantuvo firme en Centro Chía, en Chía. Y como toda buena historia, empezó con ausencias que también cuentan. A las 3:00 a.m., Alberto Rivera escribió que no podía asistir. Al parecer la noche le ganó la batalla al despertador. Horas más tarde, a las 5:57 a.m., Luis Hebert confirmó que tampoco estaría: Le dió por levantar a un bebé arriba de la cabeza y sintió un tirón que lo dejó con trauma muscular y tres días de incapacidad. Ya envió foto y dictámen médico, así que no hay excusa, pero tampoco juicio… pronta recuperación, que la carretera siempre espera.

Y en medio de esas bajas, apareció el factor sorpresa: Javive llegó sin confirmar. Dudó por el clima, pero el sol como buen gregario decidió aparecer justo a tiempo. A veces el ciclismo también es eso: confiar en que el día se acomode.


Con ese contexto, a las 7:44 a.m. arrancaron 8 pedalistas aguerridos, listos para una ruta nueva dentro del repertorio de CicloBR: Chía – Nemocón – Chía.
En la foto de portada, de izquierda a derecha: Orlando Carrillo (Cariño), Pablo Torres, William Duarte, Marcolino Barrera, Henry Charry, Luis Eduardo Pulgarín (Pulga), German Malpica (Germando), y Javive, quien escribe estas líneas mientras aún siente las piernas recordando cada kilómetro.


El arranque fue tranquilo, como debe ser. Ritmo de 25 km/h, grupo compacto, conversación ligera, piernas calentando sin afán. Ese tipo de inicio que engaña… porque uno sabe que en cualquier momento algo cambia.
Y cambió.
Pasando el sector de Rancho MX, una grupeta de aproximadamente diez ciclistas nos pasó por el lado. Y ahí, sin previo aviso, se activó el chip competitivo. Nadie dijo nada, pero todos pensaron lo mismo: “¿nos van a pasar así no más?”
En segundos, el ritmo subió a 34 km/h. Todos a rueda, ordenados, concentrados. Durante varios kilómetros rodamos con ellos, como si hubiéramos sido invitados sin inscripción previa. Hasta que llegó el punto de quiebre: el desvío entre Zipaquirá y Nemocón. Ellos siguieron hacia Zipaquirá, nosotros giramos hacia Nemocón.
Y ahí volvió la calma. Bueno… casi.


Pulga venía un poco rezagado. Pero no por fatiga. Iba a rueda de una ciclista bastante atractiva, dándole ánimos con una dedicación admirable. Este Pulga… cuando no viene Nobille, entrena otras habilidades. Pero tranquilo Pulga, esto queda entre nosotros.


La ruta continuó con ritmo moderado. Aprovechamos el buen clima para grabar videos, tomar fotos y como siempre generar contenido para que los que no fueron sientan esa envidia saludable que motiva a no fallar la próxima vez.

El paisaje empezó a cambiar. Aparecieron los hatos lecheros, cultivos de flores, casas campestres. Ese verde intenso que solo la sabana sabe mostrar. Y en medio de la conversación, Germando soltó una joya:
Hacía 62 años no venía a Nemocón”.
La última vez había sido en el colegio, en décimo grado, en una excursión a las salinas. Cariño, por su parte, tampoco conocía la ruta. Así que lo que empezó como entrenamiento, ya se estaba convirtiendo en viaje en el tiempo.
Pero como toda buena historia, apareció el conflicto.
A los pocos kilómetros, la vía empezó a deteriorarse. Primero pequeños huecos. Luego más grandes. Luego… un campo minado. Lo que debía ser una carretera terminó siendo un pavé criollo, digno de la París-Roubaix.


Bajamos el ritmo. Ojos bien abiertos. La sombra de los árboles camuflaba los huecos y no queríamos terminar la crónica en urgencias. Fue un tramo técnico, incómodo, pero también divertido. Porque cuando no se puede ir rápido… se disfruta distinto.


Y así, entre esquivar huecos y risas nerviosas, llegamos finalmente a Nemocón.


Un pueblo con historia. Famoso por su mina de sal, una de las más importantes del país, incluso más antigua que la de Zipaquirá. Durante siglos, Nemocón fue clave en la producción de sal en Colombia, un recurso que en tiempos antiguos era casi tan valioso como el oro.
Y hablando de oro… llegamos al parque principal.
Domingo típico de pueblo: mercado, familias, niños corriendo… y una sorpresa inesperada: competencia de Judo. Decenas de jóvenes con sus trajes blancos caminando por el parque. Una mezcla curiosa entre disciplina japonesa y tradición sabanera.
Foto de rigor. Y luego… lo más importante: el desayuno.


Esta vez fue un “desayuno al parque”, en una casa antigua, pintoresca, con historia en cada pared: la Hostería El Vendado de Oro. Un lugar tradicional que conserva ese aire colonial, donde el tiempo parece haberse detenido.cuenta la historia que la casona fue construida en el año 1700 en bahareque, paredes hechas con vara chusque y adobe; recubierta con barro y paja desmenuzada. En 1900 la adquirió nadie menos que Don Pepe Sierra el Luis Carlos Sarmiento de la época. Pueden leer acá toda la historia>>.


Nos acomodamos en mesas sobre la calle. Y empezó el festín: caldo de costilla, huevos, chocolate, café, pan, tamales, empanadas, queso… una recarga energética digna de campeones.
Entre cucharada y cucharada, llegó la noticia del día:
Cariño se va para China el miércoles.
Y claro… alguien tenía que aprovechar.
Ya le giré 1.500.000 dólares para que me traiga un reloj que hace de todo”.
Todavía estamos esperando confirmación de la compra.
Marcolino, inspirado por el ambiente, soltó una reflexión:
Sería muy bueno vivir en un pueblo así… pero con los amigos cerca”.
Y más de uno se quedó pensando que no era mala idea.
El desayuno se alargó más de una hora. Fue más que una parada: fue un momento de conexión. De esos que hacen que la bicicleta sea solo la excusa.
Pero todo lo bueno se acaba… y tocaba volver.
Sin carro, sin moto, sin asistencia. Pinchar no era opción. Así que el acuerdo fue claro: regresar en grupo, despacio, avisando cada hueco.
Y así lo hicimos.
Conectamos con la vía principal hacia Chía, manteniendo un ritmo moderado. Esta vez William, sí, William respetó el pacto. Lo cual merece mención especial.
Pero el ciclismo tiene memoria corta… y piernas inquietas.
Al llegar al repecho antes del puente de Zipaquirá, el grupo se estiró. Reagrupamos. Y luego, rumbo a Cajicá, el ritmo volvió a subir a 35 km/h.
Y entonces llegó el momento esperado.
El remate.
Pasando Cajicá, alguien aceleró. Luego otro. Y en segundos, lo que era paseo se convirtió en final de etapa del Giro de Italia.
Willylanzó el ataque sorpresa.
Cariño respondió.
Charry a rueda.
Javive persiguiendo.
Pulga sin regalar un centímetro.
Pablo firme.
Germando aguantando.
Marcolino diciendo: “estos no me van a joder”.
Un sprint largo, intenso, desordenado… perfecto.
Javive logró adelantarse para registrar la llegada.
Cariño entró segundo.
Willy tercero.
Y el resto, pegados, sin grandes diferencias.


Luego de 72 kmts, piernas vacías. Corazones llenos.
Al final, Pablo soltó la frase que resume todo:
Esta es la salida más tranquila en 20 años”.
Y tenía razón.
No fue la más dura.
No fue la más rápida.
Pero sí fue una de las más completas.
Risas, historia, paisaje, desayuno, esfuerzo… y amigos.
A los que están convalecientes, pronta recuperación.


Los esperamos en la próxima.


Y una conclusión técnica importante:
la ruta a Nemocón… queda descartada por ahora. Esa vía no está para repetirla pronto. Pero la experiencia… esa sí se repite cuando quieran.
Porque al final, más allá de los kilómetros, el desnivel o la velocidad… lo que queda es esto:
Un grupo de amigos pedaleando juntos.

 

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NOTA: Hoy no tuvimos conductor, desafortunadamente no se solicitó moto.

Acompañamos lista actualizada de conductores elegidos, para que cada uno de nosotros sepa cuando le corresponde su turno y lo anote en su agenda.

Vale la pena recordar lo acordado en la Asamblea de Asociados efectuada el pasado 7 de febrero. Ver numeral 8 del acta adjunta

 

 

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