JACINTO CUTA CORREDOR



Si se le pide a cualquiera de nosotros que defina a Jacinto, es casi seguro que coincidiríamos en que es “un tipo buena gente, prudente y  humilde”, aparentemente tímido y callado, un buen amigo. Es más fácil ver a Uribe en la sede del Polo que a Jacinto bravo.

Apenas lleva dos años con el grupo, nunca está demostrando,  casi que pide permiso para pasarlo a uno en la cuesta (con permiso Sr. Pulguita que lo voy a pasar), Siempre lo vemos “entreverado” en el lote, pendiente de sus compañeros y compañeras pero ahí en la jugada, sobre todo en la cuesta. Se le respeta pues sabemos que tiene fuerza y mucha experiencia en este deporte.

De este Boyaco, “hijueCuta”, como le decimos sus amigos cariñosamente, apenas sabemos que es pensionado de Paz de Río, pero la gran mayoría desconocemos su trayectoria y menos a qué se dedica en sus ratos libres. Su esposa Beatriz nos lo definió muy bien “a mi viejo le gusta mucho echar cicla y desbarata cualquier cosa en la casa, no le gusta estar sin hacer nada”. Una excelente descripción como verán a lo largo de esta nota.

Jacinto Cuta Corredor es el mayor de cuatro hermanos, nació en Gámeza Boyacá, población ubicada a 20 kmts al norte de Sogamoso, el 6 de septiembre de 1949, hijo de Luis Alejandro Cuta  y Albertina Corredor,  a los 5 años sus padres se trasladaron  a Duitama en donde estudió.

Cuando entró a la escuela a los 6 años ya sabía leer y escribir pues don Luis Alejandro, su padre le enseñó en su casa. Cuando llegaba del trabajo le tomaba la lección; "a ver Jacinto, esta letra cuál es...", hay de que se equivocara, pues se ganaba su buen pellizco o jalada de oreja. Por esa razón entró de una a tercero de primaria y se graduó de bachiller a los 13 años.

Su padre trabajó toda la vida en una fábrica artesanal de ladrillos, donde ganaba apenas lo necesario para  el sustento de su familia. Debido a restricciones económicas de sus padres Jacinto no pudo seguir estudiando, por tal razón siendo apenas un niño de 13 años empezó a trabajar en una carpintería en Duitama. Allí conoció a un señor de Bogotá  (Carlos Orlando Maldonado) un experto tapicero quien fue casi como su padre y lo formó durante 5 años en ese arte.

En su juventud se inclinó por el fútbol, fue un buen defensa centro, pero abandonó ese deporte pues no le gustaba que sus amigos al final de cada partido se quedaban muchas horas “echando polita”.   Huy qué pena con Jaci.

Trabajando con una máquina  cortadora de madera tuvo un accidente,  le rapó la pieza que estaba puliendo y la cuchilla le cortó la falange del pulgar  de su mano derecha. El seguro le dio una indemnización,  con parte de ese dinero se compró su primera bicicleta de turismo, que usaba  como medio de transporte pues su trabajo quedaba a 40 minutos a pie de su casa.
Desde muy joven empezó a participar en clásicas de Turismeros.

Conoció a Beatriz Pérez, quien venía de Cali, lo flechó  y se casaron siendo aún adolescentes. El tenía 17 años y ella apenas 15. Para el cura y para  la mamá de Jacinto fue difícil aprobar este “matricidio”. Pero las cosas les salieron bien, esta adelantada  parejita ya va a cumplir 45 años de matrimonio.

La foto de la izquierda corresponde al matrimonio de los Cuta, no a su primera comunión.

Luego de su matrimonio, con apoyo de su esposa se dedicó más de lleno a “echar cicla”  aprovechando sus pocas horas libres. Para entonces se retiró su maestro de la tapicería y Jacinto quedó encargado de esa función en la carpintería.

Un año después renunció a su trabajo y se fue a vivir a Cali con Beatriz. Allí vivió solo un año también trabajando en tapicería,  no aprendió  a bailar salsa pues el clima no le sentaba nada bien. Entonces decidió volver  a la tierrita, pero como no tenía empleo le tocó empezar a  trabajar la tapicería “a domicilio” en las casas de conocidos, especialmente de los funcionarios de Acerías Paz de Rio, pues no tenía taller.

Gracias a ese arte conoció a un líder sindical de Acerías Paz de Río, amigo de su mamá quien le prometió ayudarlo a ingresar a esa empresa. Le  presentó al Jefe de Personal, al saber del oficio que dominaba Jacinto, el señor decidió hacerle una prueba, le pidió que fuera a su casa para que le tapizara unos muebles a su mujer. Durante varias semanas lo vigiló, no por celos, seguro quería saber cómo trabajaba. Al comprobar su dedicación  lo vinculó a Acerías en noviembre de 1971 como mensajero en la sección de Servicios Sociales.

 Gracias a su juicio y dedicación al trabajo y a su interés por capacitarse técnicamente en la empresa, pues era feliz estudiando los planos de las máquinas,  fue ascendiendo a cargos como: obrero de operación en combustión, aforador, tomador de fuerzas en el laboratorio de aguas, oficinista  de segunda categoría, operador de planta de oxígeno y supervisor de  la misma. En ese último cargo trabajó 20 años contínuos hasta cuando salió pensionado en el 2007, luego de 36 años de trabajo.

Siendo trabajador de Acerías Paz de Río nacieron dos de sus tres hijos. Para complementar los ingresos en la acería de noche fungía como tapicero haciéndole “trabajitos” a las esposas de los empleados de la empresa (a los muebles y colchones, malpensados).  Muchas veces amaneció arreglando muebles.

Con muchos sacrificios y a punta de créditos y privaciones los Cuta lograron sacar adelante a sus tres hijos. La hija mayor Yaneth se graduó como Química en la Universidad Nacional de Bogotá, afición que le nació  a raíz de una visita a la empresa de su padre, siendo muy pequeña. María de los Ángeles se graduó como Ingeniero Industrial en Bucaramanga y Alexander como Ingeniero Electromecánico en Duitama.

Pese al poco tiempo que le quedaba  siempre mantuvo su pasión por el ciclismo. Cuando pudo le compró su primera bicicleta de carreras italiana a un amigo que la trajo de Venezuela, cuando no existían las restrcciones del socialismo del futuro.

Como trabajaba en la planta de Acerías, que nunca para, con frecuencia le cambiaban los turnos, aún así nunca dejó de buscar un espacio en su tiempo libre para entrenar su ciclismo,  muchas veces solo, pues lo desestresaba.

Cuando el turno era de día: laboraba de 7 a.m. a 3 p.m., montaba en bici de 3 p.m. a 5 p.m.  y luego  trabajaba en su tapicería. Si el turno era de 3:30 p.m. a 11:30 p.m. entrenaba de 6 a.m. a 8:p.m y  luego le jalaba hasta las  2 pm a los muebles.
Cuando le tocaba el tercer  turno de 11 p.m. a 7 a.m., el tiempo para la cicla era de 8:a.m, a 9 a.m., llegaba, dormía algo y a tapizar muebles y arreglar colchones para cuadrarse.

A raíz de las Olimpiadas se vinculó a Ciclo Belencito el equipo oficial de Acerías Paz de Río. De allí surgieron ciclistas, todos hijos de empleados, que luego fueron grandes glorias del pedalismo, con quienes tuvo la oportunidad de competir: Fabio Parra y sus dos hermanos, Rafaél Acevedo, Fabio y Plinio Casas y Edgar Condorito Corredor y su hermana la “Condorita”, el entrenador era Ricardo Ovalle. Fue gregario de esos “monstruos! en varias pruebas departamentales y municipales. Si hubiera tenido disponible el tiempo de ellos y hubiese contado con ese apoyo,  seguramente hoy sería conocido como Monsieur Cuté, otro escarabajo famoso en el Tour de Francia.

En carretera se encontraba esporádicamente al Ingeniero Armando Torres Jaimes, quien era funcionario de Acerías.   Ambos salían a montar  con uno de los Gerentes de la empresa. Cuando se pensionaron Armando se radicó en Bogotá al igual que  Jacinto quien compró después un apartamentico para sus hijos.

Cuta se vinculó a nuestro Grupo gracias a Armando, quien le comentó que tenía un primo (Augusto Salcedo) que era profesor del Grupo del Banco de la República y que hacía varios meses montaba con ellos. Armando lo presentó a CicloBR en el 2008.

Pero antes de llegar a la deliciosa etapa actual de pensionado en CicloBR, la vio dura. Por ejemplo, cuando sus hijos estaban casi para terminar la carrera se presentó la crisis más grave de  Acerías Paz de Río pues la empresa estuvo al borde del cierre definitivo, durante varios meses sudó carbón.

Gracias a una propuesta del Gobierno que aceptaron los trabajadores, estos  se hicieron cargo de las deudas  que hacían inviable la empresa, entre  ellas la carga laboral, a cambio de acciones. Se les descontaba un 2.5% de la nómina (suma convertible en acciones), se esperaba que en 10 años se pagaría la deuda pero lo  lograron en menos de tres años.

El alza del precio internacional del acero  hizo que la situación mejorara al punto que la empresa multinacional brasilera Votorantim se interesó en adquirir la Acería comprándole las acciones a los trabajadores y pensionados. Muchos de ellos que habían  invertido incluso recursos propios  en la compra de acciones,  adicionales al descuento por nómina, lograron cuantiosos ingresos pues el precio de las acciones en bolsa tuvo incrementos inusitados.

Aunque Jacinto, no pudo invertir más allá del porcentaje de  su descuento por nómina, obtuvo, además de su pensión,  un pequeño capitalito que invirtió en parte en el pago de sus deudas. Para ese entonces le preocupaba mucho el futuro de sus hijos, pues no veían un buen panorama laboral.

Recién pensionado los reunió y les puso a su disposición sus ahorritos.  Su hija Yaneth, quien trabajaba como química en una empresa de aceites para motores y ya tenía experiencia y contactos en ese ramo,  propuso  incursionar en esa industria, que iniciaron en el garaje de su casa, con su esposo como vendedor en los cambiaderos de aceite.

La idea resultó y Jacinto se unió aportando todos sus ahorros y sus conocimientos en manejo de maquinaria industrial adquiridos en los 36 años de trabajo en Paz de Río.

Surgió así VANSSOIL, una compañía familiar de los Cuta, Jacinto el asesor y técnico en maquinaria,  sus hijos, Alexander ingeniero Electromecánico, Janeth la Química y poseedora de las “recetas” para fabricar aceites y María de los Ángeles, Ingeniera Industrial. Vincularon además a Mauricio esposo de Yaneth otro Ingeniero y  a Paula diseñadora gráfica esposa de Alexander.

Ya saben entonces apreciados colegas que entre semana, cuando Jacinto termina sus entrenamientos y deja  a un lado su casco de ciclismo, se coloca el de “ingeniero” y se dedica a ver en que puede ayudar a los “chinos”. Le hace mantenimiento  las máquinas, las desbarata,  o las diseña como ocurrió con el primer reactor, (aparato necesario para mezclar los componentes de cada aceite) que fabricó utilizando el tanque, las aspas y el motor de una lavadora casera. Ayudó a diseñar y a montar la mayoría de equipos como la caldera. (vean la prueba reina aquí).

Gracias al empuje y confianza en sus hijos,  este “Boyaco buena papa de CicloBR”, Vanssoil es hoy una pujante planta de fabricación de aceites para motores,  un modelo de empresa  que ya tiene presencia en el difícil mercado de los lubricantes y un futuro prometedor.

Creo que ahora le darán la razón a su esposa Beatriz, quien afirma: "mi viejo nunca se queda quieto". Si no va a la planta de aceites, en casa le desbarata, para hacerle mantenimiento, la licuadora, el televisor, o cualquier electrodoméstico que se le atraviese, claro que una que otra vez le sobra una tuerquita o algún tornillo pero por lo general no falla. Ella se asusta cuando se queda mirando los muebles nuevos, pues piensa que un dia de estos le da por retapizarlos…

Bueno ese es a grandes rasgos JACINTO CUTA CORREDOR.

 

Bogotá febrero 28 de 2010

 

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