Bogota, abril 28 de 2018.

Presentamos a continuación un artículo escrito originalmente en inglés, e ilustrado con sus fotografías, por nuestro colega ciclista y Reportero Gráfico Fabio Cuttica, integrante de CicloBR.

El artículo fue publicado por la revista Magazine Peloton, dedicada a destacar temas de ciclismo, se imprime once veces al año en USA y la distribuye Time Warner, disponible en formatos impreso y digital.

Felicitaciones Fabi, le ofrecemos disculpas si la traducción al español que hicimos le quitó algo de la esencia al texto, esperamos que no, nuestro grupo de traductores CicloBR hizo su mejor esfuerzo.

 

Artículo publicado en Pelotón Magazine #74 abril 2018.
Ver texto original en inglés

 

Traducción al español CicloBR

La escalada define a Colombia

EN COLOMBIA, cuando hablamos de la palabra "ciclismo", los entusiastas de este deporte, proyectamos la imágenes de largas y empinadas subidas y recordamos las legendarias hazañas en Europa de nuestros ciclistas profesionales en la década de 1980´s, o los más recientes logros de Nairo [Quintana], [Rigo Urán] y [Esteban] Chávez. Esta inmediata asociación tiene sus raíces en las dificultades propias de la geografía local y el reconocimiento de la fortaleza y el entrenamiento que se requieren para soportar estos largos y duros vajes a través de las montañas. Pero, ¿cómo llegó a existir esta cultura de escaladores en Colombia?

Situado en el ecuador y rodeado por los océanos Atlántico y Pacífico, este país de casi 50 millones de habitantes es conocido como la puerta de entrada a América del Sur. Atravesado de norte a sur por los Andes Colombianos, los cuales están divididos en tres cadenas montañosas paralelas-Occidental, Central y Oriental que proveen el territorio de valles profundos a nivel del mar y escarpadas montañas por encima de los 4.000 metros (13.000 pies), principalmente en la cordillera Central. La bicicleta es el medio de transporte más ampliamente utilizado por los campesinos en estas escarpadas regiones de gran altitud.. Entonces allí las montañas se convierten en aliados del pueblo, sus compañeros cuando se desplazan a la escuela, a trabajar en los campos o para llevar sus productos al mercado. De este lado del país es de donde nuestros mejores ciclistas profesionales usualmente provienen; es donde se entrenan; y es alli donde se ha desarrollado esa íntima relación entre los ciclistas y las montañas.. Es aquí donde los Reyes de las Montañas, justo como Matt Rendell bautizó a los ciclistas colombianos en su libro de 2003 que lleva ese mismo nombre "Reyes de las montañas".

Se desconoce exactamente cuando llegaron a Colombia las primeras bicicletas, pero su uso se extendió rápidamente y llegaron a ser el principal medio de transporte de las familias a comienzos de la década de 1900. En el campo los asnos, mulas y caballos fueron reemplazados gradualmente por las bicicletas, e incluso por esos animales las bicicletas tomaron el nombre de "burras" o "caballitos de acero".

Fue en 1951 cuando se corrió la primera Vuelta a Colombia, la más importante carrera anual del ciclismo de ruta del país. Entonces las carreteras pavimentadas eran un lujo y lo son hoy todavía en algunas regiones. La idea de unir a una nación a través de ciclismo pronto cautivó y encantó a todos los colombianos. Los protagonistas de la competencia, incluyendo su primer triunfador el "Zipa" Forero, Ramón Hoyos, "Cochise" Rodríguez, Rafael Niño, Patrocinio Jiménez y Lucho Herrera se convirtieron en héroes de este deporte nacional, sus conquistas en largos y duros ascensos por las montañas del país se volvieron leyendas. Los nombres de los puertos de montaña como Minas, Letras, La Línea, el Boquerón, El Trigo y el Vino tambien llegaron a volverse míticos tanto como lo son en Europa El Galibier, Alpe D'Huez, Izoard, Stelvio y Gavia para los aficionados. Un cronista local dijo una vez que para ganar alguna de las carreras en Colombia había que escalar como un escarabajo.

Mi pasión personal por el ciclismo comenzó en la década de 1980, cuando mi familia dejó nuestro hogar en Italia y se instaló en Colombia. Tenía 10 años y como cualquier otro niño colombiano mis héroes eran estos ciclistas. Esta pasión me hizo tan colombiano como ellos. Fue el momento en que el primer equipo nacional comenzó a ganar carreras legendarias en Europa. Sus conquistas llenaron páginas de los periódicos nacionales, compartiendo el espacio con los eventos dramáticos relacionados con la guerrilla y el narcoterrorismo que afligían al país. Eran tiempos difíciles que fueron aligerados por el orgullo de ganar una etapa en el Tour, Giro o Vuelta.

Cada colombiano recuerda la victoria de Herrera en L'Alpe D'Huez en 1984, el primer ciclista aficionado en ganar una etapa del Tour. Qué actuación! El primer triunfo de un colombiano en la carrera más importante del mundo. No era sólo suya, fue el triunfo de los escarabajos; una gran hazaña, un grito de alegría para todo un país. Los medios de comunicación, especialmente la radio, nos traían a Europa todos los dias a mí y a otros miles de colombianos. Todos seguimos los triunfos de nuestros corredores, sentíamos que estábamos haciendo historia en las etapas de montaña; fue la forma en que avanzaron en la carrera. Sin embargo, también sabíamos que los inconvenientes de nuestros héroes eran esas etapas planas e interminables, tan extrañas para nosotros. En nuestra visión ingenua, todos nos preguntamos: "¿Cómo podría ser esto? ¿Qué es una carrera sin montaña?"

En aquellos años, cuando montaba con mis amigos en los alrededores de nuestra casa, cerca de la Cordillera Central Andina, sentimos cada subida como si fuera el famoso Alpe d'Huez, Tourmalet o lagos de Covadonga. En esas empinadas subidas mediamos nuestras fortalezas parados en los pedales, por supuesto al mejor estilo del "Dancé".

A mediados de los 90s, los años dorados de la historia del ciclismo colombiano parecían haber terminado. No teníamos equipos colombianos coronando las montañas europeas. Algunos dicen que fue debido a una crisis económica o que el ciclismo había dejado de ser tan popular. Aunque todavía había mucha gente que practicaba el deporte, no tenia tantos seguidores como antes. Pero solo fue un breve receso en la historia de ciclismo de Colombia, porque estaba tan arraigado en la cultura que no tardaría mucho tiempo antes de que apareciera una nueva generación de héroes.

Nairo, Chávez, Urán y lópez han vuelto a poner el nombre de Colombia en lo más alto de la lista, entre los mejores del ciclismo mundial. Y, en mi opinión, esto dió el impulso definitivo e irreversible a todo un movimiento de ciclismo local. La cantidad de personas que practican ciclismo ha aumentado, y las ventas de bicicletas de carreras y accesorios nunca habían llegado a esas cifras tan elevadas (25%). Los tiempos de los "caballitos de acero" y del ciclismo épico de Herrera parecen tan lejanos, pero su legado está más vivo que nunca, vive dentro de nosotros.

El amor, el respeto y la devoción que sentimos por esas montañas que conectan nuestro país y nos llenan de recuerdos son los que nos gustaría enfrentar en cada jornada de escalada. Se lo debemos a nuestros héroes, a su humildad y a su cultura campesina, que nos enseñó a soportar los ascensos con nuestros bolsillos llenos de bocadillos veleños y nuestra caramañola llena de aguadepanela. Esta cultura que nos permite alcanzar los puertos montañosos y luego degustar una arepa con queso, disfrutar de un salpicón o un tintico a 3,320 metros (10,890 pies) sobre el nivel del mar. Es así como ellos lograron coronar en los ascensos y ése así cómo vamos a seguir haciéndolo.

Las escaladas en este país son muy diferentes a las de cualquier otro país en el mundo. Colombia tiene un clima tropical con temperaturas y humedad muy altas a nivel del mar. Pero en la medida en que uno sube a las montañas, el paisaje y el ecosistema cambian drásticamente. Así es como podemos comenzar nuestro recorrido en bicileta al Alto de Letras desde la ciudad de Mariquita a 200 metros sobre el nivel del mar (650 pies) con una temperatura de 40 grados Centígrados (104 grados Fahrenheit), luego avanzar a través de la vegetación tropical hasta terminar en 3.600 metros (11.800 pies) en clima frío con vientos helados en medio de un tipo único de vegetación en el mundo denominado páramo. Y toda esta experiencia en un trayecto de 80 kilómetros.

Cada fin de semana, las diferentes carreteras en Colombia parecen un festival de bicicletas. Miles de ciclistas apasionados montan, ya sea en el último modelo de Rosa o en una -Chinarello- el nombre local para las bicis que son una copia falsa de la famosa Pinarello o en un viejo "caballito de acero". Toda esta población diversa, buscando una sola cosa: conquistar la próxima montaña, el principal "condimento" para un gran salida, sin el cual no habrá una hazaña para comentar o incluso para compartir en Strava.

Muchas de las grandes ciudades de Colombia están rodeadas por montañas que en la mayoría de los casos, están sólo a unos pocos kilómetros de casa. Es común ver a un gran número de ciclistas los fines de semana motivadospor llegar a la cumbre más cercana a primera hora de la mañana. Un conocido sitio para ascender en la capital del país, Bogotá, es el Alto de Patios ubicado a 3.000 metros (9.840 pies), con sus 6,5 kilómetros de subida y una pendiente del 6%. También son muy populares La Cuchilla a 3.365 metros (11,040 pies), que se extiende por 11 kilómetros, con un porcentaje de inclinación hasta de 6%, y los 38,5 kilómetros de El Alto del Vino a 2.850 metros (9.350 pies) con un 5% de gradiente.

Cerca de Medellín, la segunda ciudad en importancia del país, hay un asubida de 16 kilómetros denominada El Alto de Santa Elena a 2.504 metros (8,215 pies) a 6 por ciento, y los 15 kilómetros de subida a Las Palmas al 6,5 por ciento. Por último, mucho más lejos de las ciudades, tenemos la más larga escalada en una carrera, y una de las más legendarias, el mencionado Alto de Letras a 3.677 metros (12,063 pies) con un 4% de desnivel.

Al final, la escalada proporciona a los ciclistas colombianos una amplia gama de motivaciones. Ya sea para tomar fotos en lo más alto de la montaña, para conocer la historia detrás de ella, o por el sabor de una arepa, una aguaepanela o un salpicón; pero el sentimiento común entre todos nosotros podría ser sentimos, cada vez, un poco más como los escarabajos, un poco más como los Reyes de la Montaña y un poco más colombianos


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