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Bogotá diciembre 9 de 2018

CONOZCAMOS UN POCO MÁS DE

Orlando Alberto Molano Moreno

¿Qué tanto sabemos de este apreciado colega ciclista y amigo, boyacense de pura cepa, caballero a carta cabal?. Tal vez, que tiene una bonita familia, que es un excelente ciclista, duro de vencer en la cuesta, que escribe muy bien y de vez en cuando funge de poeta, pero como verán hay muchas cosas que no conocemos.

Hacía rato teníamos la tarea pendiente, aprovechando el receso en el ciclismo, le sacamos el tiempo e investigamos sobre su vida. En el proceso sorprendentemente descubrimos muchas cosas admirables de Molanito las cuales nos complace resumir en esta nota, que, por supuesto no tiene pretensión de biografía, pues sería interminable narrar toda su obra vida y milagros. Así que sin más preámbulos los invitamos a descubrir su fascinante historia, por favor pónganse cómodos y prepárense para leeer esta historia que seguramente los cautivará.


El apellido Molano proviene de España y llegó por esos intrusos conquistadores que a decir de Molanito “no dejaron en paz a nuestras primitivas indias”. Hoy se encuentra mucho en regiones como Cundinamarca, Boyacá y Tolima. El probable significado del apellido Molano en España es 'Aquel que vive en la muela', seguramente toponímico de los moradores de la muela de Cáceres y otras regiones de España.

Orlando Molano nació en 1949 en Firavitoba Boyacá, la suya como la de muchos colombianos fue una infancia con precariedades económicas propias del campo, pero feliz. Su padre Don Luis Alberto Molano, se ganaba la vida como agricultor y artista en el trabajo de tallar la piedra. Su señora madre, Doña Sara Moreno, ayudaba al hogar como modista y vendiendo la leche que producían sus tres vacas en la vereda de Gotua del municipio de Firavitoba.

Luis Alberto y Sara trajeron al mundo seis hijos, tres mujeres y tres hombres, en su orden: Inés, Aura, Orlando, Víctor Horacio, Manuel y Leonor.

Sus años de niñez transcurrieron en Firavitoba: 

Cuando evocamos los pasos de nuestra niñez, seguramente añoramos momentos y lugares que forman parte de nuestro álbum de recuerdos. Qué grato podernos remontar a épocas pasadas en las cuales los lugares las personas y las actividades realizadas conforman la película de nuestra infancia, transcurrida en ese lindo pueblo de Firavitoba, con sus encantos (algunos desparecidos) y sus melancolías”.

Así recuerda Orlando Molano en algunos fragmentos de uno de sus escritos (Pasajes de mi niñez en Firavitoba) la época de infancia en su amado pueblo natal.

“Ser un niño feliz en aquella época era muy fácil a pesar de las dificultades económicas o de la escasa tecnología. Cómo disfrutábamos de los juegos del momento en las calles del pueblo y en los caminos veredales: regresar de la escuela jugando canicas. Apostando al “pique” en contacto con la arena, el pasto o las piedras de nuestro suelo, procurando ganarle la “mara” al contendor de turno …. El trompo que bailaba con el impulso de la piola, muchas veces construido a mano con un pedazo de palo y con el cuchillo de la cocina… ¡Los compañeros que iban a la escuela desde considerables distancias generalmente transitaban por empedrados caminos, pero recorridos de manera alegre y veloz acompañados por el aro conducido con habilidad con una horqueta o impulsado por un palo…Qué fácil era divertirse con tan pocos recursos, pero eso si con mucho ingenio por parte de los pequeños!... ante la carencia de mínimos elementos para estos juegos apelábamos a la "golosa" buscando un pedacito de teja que arreglábamos a manera de tejo, y sin importar el tipo de calzado (alpargate o el pie descalzo) demostrábamos habilidad para saltar en un solo pie, sin tocar línea e ir avanzando hasta llegar al "cielo"...Los niños de los cursos superiores de aquella época (cuarto y quinto) cuando la salida era un poco más temprano, acordábamos dirigirnos a la "cabuya", con el fin de darnos un chapuzón en nuestro río, el cual todavía era "navegable" para los escolares. Ubicando "moyas" especiales aprendimos a tirarnos al agua y a nadar contra la corriente. La falta de vestido de baño no era obstáculo para cumplir con este cometido. Recuerdo que una vez se me cayó al rio mi maleta escolar (talego de tela y cuadernos escritos con tinta y plumero), y tuve que "pasar" todos los cuadernos y aceptar de buena gana los fuetazos por parte de mi padre, a los cuales me hice merecedor"

Los tres hermanos varones fueron aficionados al deporte; debido a las dificultades para disponer de implementos, se ayudaban ofreciendo el servicio de despinchado y cosido de balones de fútbol, por su propia iniciativa ellos aprendieron a confeccionar sus pantalonetas, cuando se les rompían las desbarataban, sacaban los moldes para luego pasarlos a otra tela que generalmente era de una funda o un pedazo de sábana y la cosían a mano.

Practicaron atletismo, basquetbol, tenis de mesa, natación y ya de adultos el billar, los bolos y naturalmente el tejo, en el cual se defendían bastante bien (arte que heredaron de su padre). Fueron aficionados al fútbol, jugaban descalzos en la plaza del pueblo, pues no había para guayos ni para los "costosos" tenis "Cauchosol" o "Croydon". Su amor por la bicicleta era platónico, pues se limitaba a soñar con una de aqellas "ciclas" que solo podían tener los niños de mayores recursos económicos; naturalmente era difícil que se las prestaran, pero para eso tenían hermanas, ellas se las ingeniaban para conseguir que les dieran una palomita a sus hermanitos, para que pudieran aprender, así lo recuerda Molanito:

“Con el deseo de aprender a montar en bicicleta, estábamos pendientes de algún amigo de mis hermanas y le pedíamos "una vueltica". La hermana intercedía y lo lográbamos, entonces entre los tres hermanos nos ayudábamos para comenzar "por debajo de barra", dado que éramos pequeños. Por supuesto no faltaron los raspones y chichones con las caídas, pero alcanzamos el objetivo. Entonces una pequeña subida de una cuadra, para nosotros era un premio de montaña. Empezamos a escuchar los nombres de Ramón Hoyos y de Efraín Forero y más tarde de Roberto "pajarito" Buitrago quien fue el primer ídolo, por ser boyacense y correr patrocinado por las Escuelas Radiofónicas, también sonaba Hernán Medina Calderón y Rubén Darío Gómez, más tarde sería Cochise y el ñato Suárez, junto a Álvaro Pachón que fue ídolo de las multitudes cundiboyacenses, porque durante estos años se incrementó el regionalismo deportivo, especialmente entre Antioquia, Cundinamarca y Boyacá. Durante las gloriosas vueltas a Colombia de aquella época, no podía faltar el "transistor" (radio de pilas), al cual nos pegábamos para no perdernos las incidencias de las épicas etapas, entusiasmados con la narración de los locutores de las cadenas radiales, quienes con mentiras piadosas nos hacían vibrar de emoción”.

Tan nítidos tiene sus recuerdos de su primera relación con la bicicleta, que años más tarde lo plasmó en este poema: 

La vuelta del pueblo

(fragmento)

“Desde la carretera y en movimiento que es lo importante”,
retumban los parlantes en la plaza de mercado
y la atención se centra, pues son nuestros paisanos
pedaleando en la vuelta como seres mecánicos.


“La serpentina multicolor engalana esta verde campiña”,
el oído se agudiza esperando el reporte de los "escarabajos”
pues nombran a Anatolio, Patrocinio, Dubinelson,

Belisario, Oliverio, Cristóbal, Abelardo, Argemiro, Sandalio,
nombres cual requisito para trepar los andes.

De cuna siempre humilde, pedalean contra el hambre,
arriados en conjunto por aquel consumismo
de unas marcas lucrantes a expensas de estos héroes
que cabalgan en flacos “caballitos de acero”.


En el polvo y la piedra, pavimento y concretos
tapizados de lágrimas, sangre, sudor y pieles,
en la lucha titánica de valientes guerreros
por llegar a la meta, en busca de laureles.


Algunos se rezagan volviendo a la vereda,

con su pesada carga pedaleando en la vida,
los mejores alcanzan pelotones mundiales
luchando codo a codo en busca de la cima…”

 

Viendo trabajar a su padre, Molanito aprendió a manejar el puntero y la maseta para tallar la piedra, un bello arte que Don Luis Alberto heredó de su abuelo Don Cantalicio, ellos dos dejaron su imborrable huella de escultores de la piedra en la construcción del hermoso templo de Firavitoba, erigido en honor a Nuestra Señora de las Nieves, el cual tuvimos oportunidad de conocer en alguno de los ciclo paseos que hicimos con CicloBR por tierras boyacenses.

Es un hermosa catedral estilo gótico, con tres naves, vitrales, piso en mármol. Su estilo arquitectónico es admirado por turistas por su porte europeo y belleza. Esta majestuosa obra fue impulsada y gestada en 1873 por el padre Ramón Ignacio Avella, quien adelantó buena parte de la obra, dicen que obtuvo los planos de una iglesia de Paris. En 1901, lamentablemente murió el clérigo cuando apenas estaban levantados los muros laterales y el de atrás, pero como la maqueta se perdió, fueron muchos los inconvenientes que se presentaron para la continuación de la obra. Solo hasta 1916, cuando llegó el cura Abdénago Zambrano, de Firavitoba, revivió el interés y la obra se reanudó, con un diseño traído por el padre Hugo Orjuela, bajo la dirección del maestro Gregorio Gómez. En la historia de la construcción del templo aparece este párrafo: "El adelanto, como siempre se presentaba en el templo, que trasladó su trabajo detrás de la pared intermedia para la construcción del altar central, que fue dirigido por el señor Luis Alberto Molano". La construcción concluyó en 1949. 

Años más adelante Molanito construiría su casa frente a la iglesia de Firavitoba desde donde se puede apreciar la majestad del templo y escuchar el llamado a misa de las campanas. Allí nos atendió a los CicloBR en el 2011 en el paseo por Iza, Firavitoba, Paipa y Duitama.

Así narra Molanito el esfuerzo de los pobladores y su familia para aportar en la construcción del templo:

Cuando empezaron la construcción del templo, muchos hombres del pueblo aprendieron a trabajar la piedra “muñeca” que era llevada de una montaña de Sogamoso llamada “El pedregal” y trasladada “a rastras por yuntas de bueyes, con ayudas de maderas, a través de la carretera, durante un trayecto de tres kilómetros. Los bloques grandes de piedra los extraían con dinamita. En la plaza de Firavitoba almacenaban la piedra, donde la iban tallando de acuerdo a los diseños establecidos. Las herramientas para tallar eran el puntero y la maseta manejados manualmente. Había un grupo de obreros dedicados solamente a afilar los punteros. Las piedras ya labradas las iban subiendo con cables de fique con ayuda de una polea. Fue un trabajo muy artesanal”.

En un bello homenaje a sus progenitores, a su fallecimiento, Molanito esculpió en piedra las lápidas para su tumba, utilizando la técnica aprendida.

Así entre el deporte y disfrutando sus años de estudio en la escuela del pueblo, compartiendo los juegos con sus compañeros y en sus quehaceres como monaguillo en la iglesia, transcurrió la infancia de nuestro apreciado colega de las bielas en su querido pueblo, hasta los 13 años.

Los siguientes seis años los vivió como estudiante interno   en la Escuela Normal de Tunja, donde se formó como docente.  Su primer trabajo fue como maestro a los 19 años en Sogamoso en el Colegio departamental. Así nació el “Profe Molano” apreciado por sus alumnos.

Posteriormente el consentido de doña Sara tomó la más dura decisión de su vida, separarse de la familia, y viajar solo a Bogotá, había sido aceptado como maestro en el Distrito, y ahora debía dejar a sus hermanos y enfrentarse a la gran ciudad en busca de sus sueños. Se alojó un tiempo en casa de su tío Enrique, compartiendo cama con su primo Jorge.

Su primer trabajo como maestro lo obtuvo en una escuelita Distrital cerca a la casa del tio, con su primer sueldo ya podía ayudar con su alimentación, luego tomó en arriendo una habitación de soltero con poco y nada de muebles, pero en la medida en que su sueldo como maestro se lo permitía iba invirtiendo para dotar su apartamentico con muebles, mesita, silla lámpara y “chifonier".

Trabajó como maestro en varias escuelas Distritales entre ellas la Gloria Gaitán, Granada Norte, Santa Rosa en los colegios distritales: Nueva Zelandia y Ciudad Hunza. Pero su meta era obtener un título en la Universidad, así que ingresó a la Pedagógica e inició la carrera de Licenciatura en Biología; en el quinto semestre se dio cuenta que esa no era su vocación, pero allí aprovechó el tiempo para vincularse al grupo coral, dada su afición al canto; en esas conoció a alguien muy especial que como veremos más adelante cambiaría su vida.

El giro académico lo afectó, pero sin embargo no se venció, seguía con la idea de persistir en sus estudios universitarios, así que se presentó a dos carreras, Publicidad y Arquitectura, fue aceptado en ambas. Pero el arte del tallado en piedra, la construcción, herencia de su padre y su gusto por el diseño lo impulsaron a matricularse en arquitectura en la Universidad Gran Colombia, en la sección nocturna; en el día seguía trabajando como docente. No fue nada fácil la arquitectura, el trabajo en la docencia le ocupaba todo el día, y esa carrera requiere de mucho tiempo extra para la elaboración de proyectos. Las trasnochadas fueron incontables haciendo maquetas que los profesores hacían repetir por mínimos errores, el estrés lo estaba afectando a tal punto que tomó la decisión de suspender el trabajo como docente y dedicarse por completo a sus estudios. Fueron duros semestres de lucha, pero finalmente Molanito recibió su título como arquitecto.

Su pasión seguía siendo la docencia que combinó con su nueva profesión, como arquitecto trabajó en varios proyectos de diseño, fue interventor en el programa Ciudad Bolívar en colegios como Arborizadora Alta, El lucero, y Candelaria con el Instituto de Desarrollo Urbano. En sus “ratos libres”, tomaba cursos en actividades relacionadas con el arte, de esta manera descubrió su talento para la pintura en óleo, pastel, acuarela, carboncillo, escultura y la elaboración de vitrales, además siguió desarrollando su arte ancestral la talla en piedra y el modelado en arcilla. Las danzas folclóricas y el canto seguían entre sus preferencias.

Habían pasado muchos años, pero no olvidaba la coral de la Universidad Pedagógica, y menos a aquella compañera de canto la niña tímida y rectada que lo deslumbró cuando la conoció; al retirarse de Biología el y ella habían tomado caminos diferentes, diez años después se reencontraron, me late que no fue por casualidad, esta vez no lo dudó y después de un año le propuso matrimonio. Como muchos recuerdos de su vida este, también lo plasmó en un poema, su forma de inmortalizar los momentos felices:

“El amor de mi vida

El gusto por el canto siquiera fue un motivo,
 jornadas de estudiantes en la universidad,
encuentros indiferentes, añorados ensayos,
figura hermosa y tímida, la que quería ver pasar.

Adolescentes muchos algunos ya mayores,
compartimos unidas latitudes diversas.
A la vez bonita, sencilla y recatada

Tan solo compañeros con tímidas miradas.
Circunstancias de la vida, cada cual su camino…
Conociendo personas, fantasiosos idilios,
No fue tiempo perdido, vivíamos nuestros mundos
Cual dos seres humanos en busca del destino.

Ha pasado una década y ¿otra vez frente a frente?
Qué bonito momento que volver a vivir,
casualidad destino, o algún juego de azar,
otra historia de amor que se vuelve a escribir.

La vida que es hermosa oportunidades brinda,
Esta vez no permito que se vuelva a escapar,
Un sentimiento hermoso que se anida en mi pecho,
Me ordena que la cuide cual perla en altamar.

Y Cupido aparece cumpliendo su tarea,
Pues su dardo certero nos da en el corazón,
cogidos de la mano ya somos dos en uno,
qué ilusión tan bonita, ha triunfado el amor”.

Esto me contó esa Molanito, el futuro abuelito, en la entrevista virtual para esta reseña biográfica:

Diez años después, en 1985 me casé con Carmen Cecilia Valencia (educadora), licenciada en psicopedagogía, a quien conocí en la Pedagógica y con quien habíamos compartido en el grupo coral, disfrutando mucho en los ensayos y presentaciones en varias ciudades del país y hasta en Venezuela, y quien ha sido mi gran compañera y apoyo en muchos caprichos, incluyendo el del ciclismo. Dios nos ha premiado con dos excelentes hijos: María José, comunicadora social especializada en edición de textos y corrección de estilo, y Juan Daniel, ingeniero de petróleos, quien se desempeña en trabajos de campo en pozos petroleros. María José está casada con Andrés Arias y para abril o mayo nos van a hacer abuelos, lo cual nos tiene muy felices y que de acuerdo a las experiencias de mis compañeros ciclistas restringirá el tiempo de las salidas a pedalear”.

Finalmente, luego de 44 años trabajando como docente, formando miles de estudiantes y transmitiéndoles extensos conocimientos “el Profe Molano” decidió pensionarse. Terminó como coordinador académico y de disciplina y rector de colegios distritales, como el Franciscano del Virrey Solís, (donde laboró durante 21 años), y del Nueva Zelandia.

Por sus ocupaciones, el ciclismo, deporte al que se aproximó en su natal Firavitoba, había quedado en el olvido, pero ya con su hermano Víctor viviendo en Bogotá lo retomaron; compraron bicicletas turismeras sin cambios. Inicialmente se atrevieron a ir hasta Suba y luego a Chía, posteriormente a Mondoñedo. Luego con máquinas de carreras mejoraron en rendimiento y se fueron integrando a grupos exigentes que los retaban, así que tenían que entrenar para mejorar, si no a perseguir.


Primero formaron un grupo con compañeros de universidad y años más tarde ingresaron al club Pioneros donde militaba Víctor, allí se organizaban muchas competencias, al comienzo fue difícil, pero con constancia fueron mejorando progresivamente. Entonces conocieron a unos de los "duros" en Pioneros: el Chinazo, dicen que les daba “sopa y seco”. Cuando Pioneros se fue desorganizando Molanito decidió buscar por internet grupos de ciclismo aficionado, nos contactó por correo.

En enero del 2009 logré ingresar al grupo CicloBR, del cual me habían dado buenas referencias, y para lo cual busqué el contacto vía internet, comunicándome con mi tocayo Orlando Márquez. Después de analizar mi hoja de vida, me respondió diciendo: “vaya el domingo a Siberia a ver cómo le parece”. La salida fue hasta El Vino, al regreso nos caímos algunos en un sector de taches, afortunadamente sin consecuencias graves. Para mi fortuna, después de varios meses fui aceptado como integrante y hoy me siento orgulloso de pertenecer a esta gran familia, ya que allí he encontrado personas con muchos valores humanos y he aprendido a compartir el pedaleo en carretera, amén de tantos bonitos momentos de vida social. Como todo en la vida, todo tiene su comienzo y su final. Así como un día dejé el fútbol y el basquetbol que me apasionaban, se llegará el día de colgar la bicicleta, deporte que he disfrutado a plenitud.”

El Chinazo siguió en Pioneros pero más adelante se vinculó a CicloBR, donde se reencontraron con Molanito.

A propósito del fútbol que un día decidió dejar, los Molano fueron también practicantes asiduos, primero a pie descalzo con pantalonetas hechizas y luego ya con todos los juguetes. Coincidencialmente los Boyacos "quebraron" a dos de los Molano, como se aprecia en la foto. No sabemos si fue desquite pero los mandaron a casa enyesados, fue su peor recuerdo del fútbol.

Hoy a sus 73 años se dedica a la vida de pensionado, pero siempre ocupado en labores cuya ganancia es disfrutar, compartir con su familia, la bici, las labores artísticas, las danzas, y la jardinería en la huerta de su casa y por supuesto la escritura y la poesía que sigue cometiendo.


Una vida ejemplar y de mucho mérito por los logros alcanzados. Hace tres años su hija María José decidió recoger todos los escritos de Molanito y recopilar recuerdos familiares con los cuales elaboró un pequeño pero hermoso libro que tituló “Mis memorias – fragmentos de una vida que merece ser contada”, del cual Molanito me obsequió en octubre de 2015 un ejemplar autografiado, que conservo con cariño.

En la contraportada María José resumió así la vida de nuestro apreciado compañero Molanito,

Este pequeño libro guarda entre sus páginas algunas vivencias de su autor, que han sido convertidas en relatos y que nos permiten acercarnos a su infancia, a su cotidianidad en el remanso de Paz de Firavitoba, a su paso por la vida de tantos estudiantes, a su pasión genuina por el ciclismo, a su sentimiento de gratitud por estar rodeado de tanto amor de su familia y amigos, y, en general, a otros bellos pasajes que dan muestra de la vida de un hombre que ha logrado todo lo que tiene porque siempre lo soñó y trabajó fuertemente para conseguirlo.
Hoy sus hijos y esposa le cumplen el sueño de tener su primer libro de memorias en mención a sus setenta años de vida excepcional".

Como han podido ver, es un excelente resumen el de María José. Resalto este párrafo escrito por ella en el libro:

"...siempre se destacó por ser uno de los mejores estudiantes y es que definitivamente eligió lo que debía, pues Dios lo dotó con unas manos de artista que todos hemos envidiado, pues todo lo que construye con ellas es perfecto.

Y no falta a la verdad, difícil ver a alguien con tanta habilidad para el arte en diversas modalidades y técnicas, el siguiente collage reúne fotos de varias pinturas y vitrales de su autoría, pero entiendo que la colección comprende también, entre otras, carboncillos y esculturas que esperamos conocer algún día.

Como se descubre en el libro citado, el Profe Molano, el poeta, le ha cantado a su esposa, a sus padres, a su pueblo natal Firavitoba, a sus fiestas, a los templos, a los paisajes de su niñez, al balón de fútbol y hasta al Transmilenio y obviamente a la bicicleta. Al final de la crónica que escribió en marzo del 2014, aparecen dos poemas a la bici, en el libro descubrimos otro que escribió hace varios años, con el cual finalizamos esta reseña.

¡Viva mi grupo CicloBR

“Por la goma del ciclismo
Unos cuantos veteranos
Agrupados en CicloBR
Que sea domingo anhelamos.

Para disfrutar la bici
Y dizque para recrearnos
Todos avanzando en grupo
Con esa idea arrancamos.

Pero en cada pelotón
Sale el diablillo competidor
Y aunque ninguno ha entrenado
¿quién quiere ser perdedor?

Para le épica jornada
En semana nadie entrena
¿pero de dónde saldrá
tanta fuerza en esas piernas?

Pues si lo quieren saber
En secreto les comento
Que más de uno entre semana
cumple con su entrenamiento.

Patos garzos y otros bichos
Todos los días ven pasar
A un grupito de ciclistas
Circundando el Choquenzá.

Pasan Márquez, Marcolino,
Esther, Anita y Armando,
Edgar, Nobile y los Pulgarín
Y todos andan volando.

Riverita y Villarreal
Los acompañan los sábados
Y algunas veces Molano
Aguantando jalonazos.

Pacho Morales conoce
De memoria la vía al salto
Aunque el domingo se quejen
sus piernitas del cansancio.

Hugo Gutiérrez “descansa”
En Carmen de Apicalá
Recorriendo en bicicleta
Desde Icononzo a Cunday

Melquisedec en la casa
Tiene todo a su favor
Pues se la pasa montando
En un gran simulador.

Otro que tampoco entrena
Es Jacinto, mi paisano,
Pero el ascens al Crucero
Le parece como plano.

Bedoya y Alfredo Galvis
En Patios inician día,
Otras veces en Chinauta
Con Anilsa en Travesía.
Alvarito Villarreal
Es fuerte en carretera
Pues entre semana entrena
Subiendo a la conejera.

Y del combo Estupiñán
Pocas noticias tenemos
Pero que entrenan, entrenan
¿dónde? Pronto lo sabremos.

Alfredito Santa Cruz
Quién sabe dónde andará,
pero cuentan que lo han visto
Entrenando con la Dian.
Ildefonso Galindo y Bolaños
Muy activos en el Banco están,
Sus actividades de fin de semana
Pocas veces les permiten pedalear.

Alejandro aquejado de su hombro
Este año nos ha abandonado
Lamentamos que Edgar y Trejos
Ahora estén de dedo parado.

El domingo la cita a las ocho
N Siberia, La Caro o en Chía,
Y salimos prometiendo todos
Ir en grupo por la orilla de la ví.

La montaña de pronto aparece
Y la mente combina el sistema
Piñón grande y el plato pequeño,
Pierna tensa y aguante el que pueda.

En la cima de pronto nos vemos,
 satisfechos de haber coronado,
que no importe quien llegó primero
héroes todos por haber llegado
.
En el descenso se desgrana el grupo,
emulando el paso de Rivera,
concentrados cuidando la vida
una familia cada uno espera.

En el plano posible reagrupe,
si de acuerdo el paso aflojamos,
ahorrando algunas energías
que al final todos necesitamos.

Si llegaron a este renglón, es porque realmente como me ocurrió a mi, descubrieron muchas cosas admirables de nuestro colega ciclista. Espero que ya hoy podamos afirmar que conocemos mucho más a Molanito. Debo confesarles que leyendo la entrevista virtual y escribiendo esta nota viajé en el tiempo a Firavitoba y me sentí allí en sus calles tranquilas jugando al trompo, con las canicas, a la golosa y echando aro con los hermanos Molano, pude sentir el agua helada de "la cabuya" y me dolieron los fuetazos de Don Luis Alberto. Pude sentir la angustia de Molanito cuando llegó solo a Bogotá y me lo imaginé en aquella habitación sin muebles recién la alquiló, amanecido haciendo los últimos retoques a las maquetas, lo vi presionado y estresado. Pero también viví y me alegré de los triunfos del tocayo, su grado, su pasión por la docencia y me sonreí con las furtivas miradas de amor que le hacía a Carmen Cecilia, que casi se le escapa. Lo vislumbro como el abuelo más "chocho" de Firavitoba.

Agradezco a Molanito por la información que me suministró para armar esta reseña, igualmente a su hija María José por toda su ayuda. Sin consultarle transcribí de su maravilloso libro datos y algunos párrafos sobre la vida del “tocayo”. Estoy de acuerdo con ella, la de Molanito: "Es una vida que merece ser contada". Un agradecimiento y un fuerte abrazo para Carmen Cecilia, para sus hijos María José y Juan Daniel de parte de todos los integrantes de CicloBR.

!Larga vida al Profe Molano!!

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PD: Los turistas nacionales y extranjeros se maravillan con la arquitectura de la Catedral de Firavitoba vean lo descrestado que quedó este gringo, el nombre sonoro Fira vi toba le llama mucho la atención. En este otro video, que muestra el ascenso a una de las torres de la iglesia, se aprecia la magnitud de la obra en piedra.

Omarquez
diciembre 9 de 2018.