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Bogotá junio 10 de 2018

Hoy si como que la embarrados.

 

Crónica por:
Pablo Gilberto Torres Rincón
Colega ciclista-Licenciado en Educación física Universidad Pedagógica de Colombia
Magíster en Calidad Educativa de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

Suena el despertador y es hora de salir para el recorrido dominical, es ya un ritual que nos mantiene vivos, la ilusión de cumplir con un recorrido más, el de encontrarnos con nuestros amigos y compartir este hermoso deporte de la bici.
El punto de encuentro Centro Comercial Potosí, adelante de la Calera. Son las 7:45 y ya están Guillermo, William, Marcolino, David, Fernando, Nobile, Camilo, Eduardo, Sergio y Pablo mientras en la Y vía al Salitre, nos espera Mauricio.

La tienda Pulgarini, abre ventas de la línea de comestibles energéticos y entrega pedidos a los ciclistas que se disputan la compra, la Sra. Nobile la administradora de la Tienda Pulgarini pide ayuda y grita: “Camilo cual es el valor de la caja?”, “Mamá depende del producto, en el Whatsapp está el link”, mejor dicho tocó aplazar la compra, para no demorar la salida, decidimos mejor tomar la consabida foto de inicio de la jornada;, son las 8:00 a.m., y nos acompaña un cielo gris con un clima frio.



Pulga nos entrega los refrigerios que preparó con su familia dado que hoy actuará como conductor elegido, excelente oportunidad para lucir su poderosa  Nissan que hoy era todo esplendor, recién lavada y “polichada”, sin saber lo que le esperaba...

La capitana -léase Nobile- encabeza el grupo y le sigue  su fiel escudero Marcolino, el resto del grupo vamos conversando, a los pocos metros a la altura del peaje la vía de la Calera, via que continúa en trabajos de ampliación, hoy está convertida en un completo lodazal por la lluvia, el asfalto ha desaparecido es una completa trocha. 

Atrás se escucha al Chinazo “no vayan a parar porque nos caemos chino”, como puede esquiva a William quien casí cae pero logra mantenerse en pie gracias a que alcanza a sacar el pie del choclo, y zúas!! lo entierra en el barro. Nobile realiza la misma maniobra y el resto pasamos no sin antes aterrizar un pie en el barro. Don Guillermo al ver el problema llama a su conductor y se sube al carro, así se salva de la embarrada.


Camilo aprovecha y lo acompaña, la palomita no solo lo salva de la embarrada, se adelanta para salir al encuentro de su novia  y familia que van adelante, el sale raudo a su encuentro.

Nos imaginamos la cara y la piedra de Pulga al ver que su Nissan cambió de color gris plata a terracota.


El grupo se alista para el aperitivo de la jornada: la subida al Salitre.  El Chinazo recuerda la última vez que estuvimos con ocasión de la Gran Fondo, colados, acompañando a Camilo y nos contaba que en la bajada del Salitre, las caramañolas rodaban por el efecto de los saltos que daban las bicicletas en los reductores que colocaron y el precioso líquido quedó en el piso, al retorno para la cuchilla muchos ciclistas sufrieron por no tener liquido cuando más lo necesitaban y los que alcanzaron a recargar caramañolas con agua que no era muy clara, la recogían en baldes de una casa.


Volviendo a nuestra jornada de hoy,  al Alto del Salitre llegaron Sergio (gemelo de Egan), Guillermo, William, Fernando, David, Eduardo y Pablo, los seguían Nobile, Marcolino, Mauricio, Camilo marchaba adelante del grupo.

Nos reagrupamos en la entrada de Guasca y salimos hacia la cuchilla, la cordillera estaba nublada y nos auguraba la lluvia del páramo, el grupo se estiró.

Detrás de Camilo  marchaban  Guillermo, Fernando, David, William y Chinazo, un poco más atrás Pablo, Mauricio, Marcolino y Nobile, el carro escolta (Luis Eduardo) acompañando y en algunos momentos se bajaba del carro para animar y empujar a Nobile (se le abona su gesto).  El clima y los once kilómetros de ascenso midieron las fuerzas del grupo, pero las condiciones climáticas no favorecieron el recorrido. 

Apenas teníamos 28 kilómetros recorridos y el Chinazo sugirió que no se justificaba el recorrido en carro hasta Potosí, para hacer tan poco kilometraje, está acostumbrado a salir desde la casa subir Patios, llegar a la cuchilla y regresar de nuevo por la Calera, Patios y retornar a la casa con 110 o más kilómetros esos eran viejos tiempos le comentamos.

Esperemos que cuando terminen la ampliación de la vía, ya con bermas para la seguridad de los ciclistas podamos realizar esta vuelta a la sabana que por ahora se convierte en un toda una odisea y un total peligro.


De regreso bajamos despacio, la lluvia no cesaba, el frio nos acompañó hasta Guasca en donde el sol ya nos calentaba la espalda, en la salida de Guasca pasó Camilo como volador sin palo, iba  en busca de su amada y no lo volvimos a ver;  el Chinazo ávido de kilometraje no podía llegar ensayado a su casa, para justificar la madrugada, se fue solo por Sopó, el carro acompañante logró alcanzarlo en la autopista con 134, ya iba con los restos, pero satisfecho con un buen kilometraje en sus piernitas. 

Recogimos los vehículos en Potosí, Marcolino y Pablo se regresaron por el Codito, una zona segura, con una carretera en mal estado pero que los lleva a la 7a con 180, ya era la una de la tarde y como al que le gusta le sabe, mojados y con las bicicletas embarradas regresamos a la mole de concreto de la ciudad, con sus habituales trancones domingueros y nosotros con la conciencia pletórica de haber cumplido con un recorrido más.

Esperemos que el próximo domingo, Colombia cumpla con el sagrado deber de votar.

 

 

 

 

 

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