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Crónica salida agosto 21 de 2016

Por Orlando Molano Moreno

TIERRA NEGRA... Y EXIGENTE

Una jornada esperada, dado que el recorrido para muchos de los participantes era desconocido.

Este domingo fue un día gris. Con la cita en Centro-Chía fuimos llegando alrededor de las 7.30 de la mañana y alistándonos para el recorrido previsto. El cielo encapotado nos iba atemorizando y mandó unas escasas gotas hasta el punto que Edgar Dimián manifestó: yo no me mojo, que les vaya bien.

Pero ante esta sentencia el tiempo cambió y logró que Edgar también cambiara de opinión y se fue poniendo de cortos y muy animado para hacer parte del colectivo rodante.

En la parte exterior del parqueadero se ubicó Geoffre Mateus el conductor elegido, quien sacrificó su ejercicio dominical, sobre un terreno que conoce al dedillo pues es la ruta hacia su pueblo natal, Puente Nacional en Santander. Se lució Geoffre demostrando su práctica en el manejo de menús, ofreciéndonos paqueticos con herpos, chocorramo, chocolatina, maní y de encime los consabidos bananos que tanto ayudan en estas lides. Gracias Geoffre por su aporte calórico y por su excelente compañía, pendiente de todos los pedalistas hasta la culminación de la jornada.

Participantes de hoy: Nóbile, Anita, Isabel Cristina, Geoffre, Alberto Otálora, Alberto Rivera, Pablito, Eduardo González,William Trejos, William Duarte, Manuel Paneso, Reinaldo, Marcolino, Edgar, Francisco Morales, Camilo y Luis Eduardo Pulgarín, Mauricio, Victor Horacio y Orlando Molano.  Hoy nos acompañó Carlos Reina, compañero de otros momentos en CicloBR.

Partimos a las 8:00, la mayoría ataviados con las chaquetas, con el presentimiento de que el agua nos acompañaría en algún momento. Alguien apuntó que había sido mejor quedarse en casita, tal como lo hizo Armandito,  encamadito y calientico haciendo una de las cosas que más le gusta, ver deportes en TV.

Chía nos despidió con frío y algunas gotas de agua. Cajicá nos saludó con un brillante sol que nos alegró y nos dio optimismo sobre el tiempo, Zipaquirá nos vio pasar por su circunvalar nuevamente con frío y cielo encapotado, Cogua se extrañó de que la hayamos olvidado en los últimos meses al no recorrer sus calles como en otras ocasiones.

Apareció el peaje Casablanca y muchos dijimos: “se acabó el recreo”, pues no muy lejos se veía que la carretera  seguía hacia lo alto de la montaña conocida como Tierranegra. Se podría llamar tierra rojiza, pues generalmente el subsuelo está formado por arcilla que se ha utilizado a través de muchos años para la elaboración rudimentaria de ladrillo, tan útil para la construcción, pero cuyo proceso es muy nocivo para los trabajadores y habitantes de estos lugares,  pues los hornos donde se cocina produce muchos gases tóxicos y la contaminación del ambiente es muy alta.

La cuesta de ocho kilómetros va desbaratando el colectivo y vamos atacando la montaña, cada uno a su paso, ayudando a mojar la vía con costosas gotas de sudor, tributo del deportista al placer de lograr vencer sus retos.  Lentamente todos logramos coronar el Alto de Tierranegra con gran satisfacción. Tomando un respiro y consumiendo el refrigerio, la mayoría inician el regreso hacia Chía, algunos por compromisos familiares y otros sacándole el cuerpo a la lluvia que amenaza en caer. Nóbile se sube al carro para el descenso, pero luego continúa su recorrido por la sabana conformando un grupo que avanza raudo hacia Centro Chía. Geoffre tuvo la fortuna de que Anita, que prefirió no mojarse,  lo acompañara en la camioneta desde el alto hasta el sitio de regreso. Se les veía muy animados en este recorrido.

Cinco de nosotros quisimos completar el recorrido  y llegar hasta la meta programada, bajando 10 kilómetros mientras que la llovizna nos acompañaba durante algún tramo. Llegamos a la población de Sutatausa, ubicada a la orilla de esta carretera que sigue en dirección a  Ubaté y Chiquinquirá. Allí nos reunimos Alberto Rivera, William Duarte, Eduardo González, Pablo Torres y Orlando Molano. Ahí el aguacero no se hizo esperar y aprovechamos para recuperar energías con caldito, aguadepanela, etc. Supimos que Reinaldo alcanzó a bajar 3 kilómetros y que Camilo quiso llegar a la meta pero descompuso el nombre del pueblo y siguió fue para Tausa, otra pequeña población enclavada en las montañas cundinamarquesas.

Con este pequeño grupo de regreso, la montaña nos hizo separar, pero la persecución en el terreno llano permitió que nos reagrupáramos ya en las goteras de Chía. Las fuerzas estaban minadas pero se cumplió como era el propósito. En la meta nos encontramos con varios compañeros que pacientemente nos estaban esperando pendientes de que todos hubiéramos cumplido sin mayores contratiempos.  Fue otra buena jornada que aunque extenuante, nos dejó satisfechos con nuestro deporte y con el hecho de haber compartido durante buena parte del recorrido con los compañeros presentes en esta jornada dominical.

Feliz semana para todos.

 

 

 

 

 
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